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De vez en cuando la vida

El martes y miércoles pasados Joan Manuel Serrat estuvo a poco más de 200 kilómetros de nuestra Rafaela. El "Nano" actuó en el teatro Metropolitano de Rosario para presentar en sociedad "Hijo de la luz y la sombra", su nuevo trabajo discográfico, el segundo que está basado en la obra del poeta Miguel Hernández.
Aquel artista que murió a los 31 años en una de las cárceles que el franquismo instaló en la España convulsionada por la Guerra Civil es el preferido de Serrat, que conmemorando el centenario de su nacimiento decidió retomar sus versos tras 38 años. En 1972 salió a la luz “Miguel Hernández”, un disco simple, con versos dolorosos y transparentes, que convirtió a varias de sus canciones en clásicos para toda la vida. Algunos de ellos fueron sacados del cajón de los recuerdos por "Juanito" para este espectáculo y con los cuales volvió a conmovernos.
Tal como hizo con "Sombras de la China" o "Canciones", Serrat partió el show en dos: primero se dedicó a los versos de Miguel Hernández y luego hizo un ida y vuelta por el resto de su trayectoria, interpretando versiones históricas y otras que quedaron en segundo plano, pero que con su magia arrancaron aplausos inéditos.
Comenzó el espectáculo interpretando "Tres heridas" desde bambalinas, entonces él “llegó con tres heridas, la de la vida, la de la muerte, la del amor...” despertó la primera emoción de un Metropolitano repleto.
La multitud se mostró conmovida por la obra de Hernández, acentuada por el tono intimista del intérprete, que sigue siendo el artista popular que mejor domina el escenario. Con su garganta sexagenaria, temblorosa pero potente mantuvo en vilo a la concurrencia y con sus intervenciones ocurrentes arrancó más de una sonrisa cómplice.

GOLPE A GOLPE
“Hijo de la luz y de la sombra" es un álbum de lírica desgarrante, pero lleno de matices en lo musical y con arreglos extraordinarios. El dolor del poeta quedó expresado en las palabras de cada canción, como en “El hambre”, que contó con una interpretación desgarradora y acusatoria de Serrat.
También cantó “La palmera levantina”, “Sólo quien ama vuela”, “Si me matan, bueno”, “El mundo de los demás”, “Dale que dale” (con aires de rumba), “Cerca del agua”, todo matizado por un juego de imágenes desplegado detrás del escenario, con proyecciones de fotografías y videos muy bien cuidados, nunca antes vista en recitales del español.
Este trabajo basado en la letra de Hernández está relacionado con el de 1972 y prueba de ello se lució con varios de aquellos temas. “Nanas de la cebolla” hizo imposible contener las lágrimas a la mayoría de los asistentes y “Menos tu vientre”, tocada sólo con la guitarra por el mismísimo Serrat, conmovió a todos.

VERSO A VERSO
Posteriormente, y tras un breve intervalo donde fueron presentados los músicos, Serrat inició el segundo tramo del espectáculo, que contó con canciones de sus anteriores trabajos. En esta gira está acompañado por los dos arreglistas con los que desarrolló su carrera: el toque mágico, intimista de Ricard Miralles y la energía y candidez de Josep Mas “Kitflus”. Además continúa con él Víctor Merlo en bajo y contrabajo, más el aporte en la batería de Vicente Climent, en guitarras Israel Sandoval y Olvido Lanza en violín.
En esa segunda parte tuvieron lugar algunos clásicos y varios temas casi olvidados que volvieron de la memoria serratiana. Recordó a su alter ego descarado Tarrés, al mismo tiempo que interpretó el tema que le da nombre a su palíndromo. También “Soy sinceramente tuyo”, una muy buena versión de “La bella y el metro”, “Princesa”, las olvidadas “Los recuerdos” y la muy actuada “Disculpe el señor”, además de “Mediterráneo” (que sigue siendo una de las más aplaudidas). En los bises, que fueron 5, hubo lugar para clásicos como “Penélope”, “Señora”, “No hago otra cosa que pensar en ti”, “Praules d´amor” en catalán y el cierre fue con “Fiesta”.
Treinta y ocho años pasaron entre su primer “Miguel Hernández” y este nuevo tributo llamado “Hijo de la luz y de la sombra”, una reivindicación para la memoria del poeta y una excusa perfecta para volver a tenerlo entre nosotros. Aquel de 1972 fue un disco creado en pleno gobierno franquista y las connotaciones políticas fueron las esperadas. Tal como dijo Joan Manuel en la presentación de este álbum en España, “la poesía de Hernández transita perfectamente por las circunstancias y por los tiempos porque es buena, y hoy tiene absolutamente todo su vigor porque es poesía que cuenta cosas”.
Serrat demostró una vez más por qué es el perfecto juglar de fines del siglo pasado y principios del siglo XXI. Su voz, la música de su equipo de trabajo y su sencillez siguen despertando emociones a cada paso y el fuerte sentimiento de querer volver a verlo al menos una vez más.
Queda para la posteridad su cierre del primer segmento del show de la semana pasada, con "Para la libertad" y entonando bien fuerte “…y aún tengo la vida”, más sonriente, más rozagante y vital que nunca.

Autor: Gonzalo Rodriguez

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