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¡De milagro…!

La tranquilidad que le daba el feriado a esa mañana, lo animó a Bertrán a salir temprano con la camioneta. Rumbo al campo, terminado el asfalto de la Avenida Salva, el traqueteo del camino de tierra le hizo preferir apagar la radio. Primera señal… Detuvo la marcha para revisar si había subido a la chata la sierra que le había pedido el Pin, y se quedó un momento escuchando el silencio del campo alrededor. Tenía ganas de cebarse un mate pero no quería perder tiempo, así que se sentó y torpemente intentó encender el motor que había dejado en marcha… ¡Qué pel…! Dijo, no puedo reproducir su exclamación, y apagó el motor. Segunda señal… Bertrán escuchó entonces, no supo explicar qué, no era un grito, no era un valido, tampoco un pájaro… Era un llanto. Si bien él era un hombre fuerte, y del miedo no conocía el significado siquiera, se puso alerta. Sí, era un llanto. Y Bertrán fue a ver qué era. ¡Pero, qué hijos de…!!! Otra vez tengo que obviar la exclamación de Bertrán. En la zanja casi al lado de la camioneta, pero bastante profundo, tapado con un trapo que una vez había sido mantel, había un perro, y estaba llorando. Bertrán descendió por el declive de la cuneta, y sin vacilaciones, con habilidad, movió el trapo debajo del animal, juntó las cuatro puntas y lo arrastró al camino. Le costó un poco subirlo a la chata de la camioneta porque era un perro de buen tamaño. Cuando llegó a la chacra, le dijeron que el Pin se había venido a Rafaela, así que le dejó la sierra, miró algunas cosas que estaban pendientes, y se volvió enseguida. Tercera señal… El amigo profesional atendió la emergencia en el patio de su propia casa, no hubo necesidad de ir hasta la Veterinaria. En la mesa de piedra, el animal extendido sobre una colcha vieja le dio a Bertrán una fugaz pero certera sensación de algo bello, casi majestuoso. Era una galga, una hembra longilínea, aunque derrumbada. El Médico Veterinario le comentó que no había herida de bala, lo que padecía era una hambruna imperdonable, y Bertrán la había encontrado en el límite de su supervivencia. Corría el grave riesgo de morir por inanición, lo que provoca un sufrimiento inimaginable… Así que ahí sí decidió llevársela a la clínica y tratarla con suero, vitaminas inyectables, y lo que la medicina veterinaria indicara para reponerle la salud. Lo que preocupó al amigo profesional, fue la forma en que habían exigido al animal sin reponerle energías, un daño que le había debilitado las extremidades posteriores, al punto que no podía moverlas. Bertrán dijo que conocía una mujer que se ocupaba de atender animales en esas condiciones y tomó su celular. Cuarta señal…

Avisada por Bertrán, la Mari fue hasta la Veterinaria para ver qué podía hacer… Y a pesar de los 5 perros que a fuerza de salvarlos de la calle habitan su patio y su corazón, y a costa de la paciencia que a veces pierde su marido, la cargó en su auto, y la tiene ahí ya recuperada. Con una seriedad que a la Mari medio la asustó, el médico veterinario al darle la perra le dijo que ponía en sus brazos un auténtico lebrel hembra de 10 años de edad, inhabilitada para cría, y menos para carreras de velocidad. Cuando Mari le dijo al médico que le iba a poner de nombre Milagros, él le contestó: __Me parece apropiado, ¡porque se salvó de Milagro…! Cuentan en el campo que para que se cumpla un buen deseo, primero tienen que aparecer cinco señales… El buen deseo es que una familia, o una persona sola, alguien que ame los animales, pudiera adoptar de manera definitiva a Milagros, esa es la quinta señal que todos esperamos. Si se animan a hacerla, llamen a este número 15418606. Esperamos el llamado con los dedos cruzados, para que el milagro se vuelva una luminosa realidad. Muchas gracias.

Autor: Teresita Tosco

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