En
los últimos años los artesanos cuchilleros de nuestro país y de otras partes
del mundo vienen trabajando con un material que, si bien tiene cientos de años,
se ha re-descubierto hace poco más de una década: el acero de Damasco. Las piezas
logradas con este material no sólo poseen cualidades excelentes en lo que se
refiere a dureza, filo y resistencia sino, que además, una belleza inigualable.
Si bien no existen datos concretos, se cree que el acero de Damasco fue
descubierto hace más o menos 800 años en la zona de Damasco, Siria. Luego, de
Medio Oriente pasó a Europa pero, posteriormente, con la aparición de las armas
de fuego, las armas blancas, sables y espadas, quedaron un tanto relegadas a objetos
de ornamento y la técnica del acero de Damasco en el olvido. Para que el lector
entienda su manufactura podríamos decir que el acero de Damasco viene a ser
como un hojaldre de aceros. Para su fabricación se toman planchuelas de dos o
tres clases de acero distintos y se caldean (se ponen al rojo en una fragua) y
se forjan de forma que se peguen unas con otras. Luego la planchuela obtenida
se dobla, estira y se vuelve a caldear y estirar, así sucesivamente hasta
formar unas 100 capas o más. Luego al ser devastada la planchuela para la
confección del cuchillo quedan al descubierto dibujos formados por las
distintas capas de acero que le otorgan una belleza muy particular a un
material tan frío como el acero. Según se haya ido plegando el acero o torsionando,
los dibujos tomarán distintas formas. No hay que confundir “acero de Damasco”
con “damasquinado” ya que este último término se refiere a una técnica de
inserción de hilos de plata u oro en el acero para formar dibujos. Esta técnica
es muy empleada para decorar armas de fuego. El acero de Damasco no se fabrica
en forma industrial y cada artesano cuchillero fabrica el suyo. En nuestro país
existen artesanos muy talentosos que fabrican piezas de muy alta calidad,
belleza y por supuesto, precio.