Información General

Cuando tallan los recuerdos vividos

foto
Por Antonio Fassi



En la infinita fragua de la vida el humano mortal va acercando sus carbones encendidos a fin de modelar lenta pero ininterrumpidamente la forja de su destino, reglamentando la fortuna y la suerte de fracciones de sociedades, comunidades, provincias o naciones que forman nuestra raza humana, delineando modelos de vida corporativa que pueden ser buenos, regulares o malos.
En el caso de los 75 años de la fundación de la escuela “Domingo F. Sarmiento” de Capilla Fassi, colonia Egusquiza, quienes conocemos el lugar desde que nacimos y aún continuamos en contacto permanente con los habitantes estables de esa zona agraria, no podemos dejar de señalar este hecho como uno de los tantos ejemplos que encontramos, felizmente bastante seguido en esta parte de nuestro planeta Tierra, dado que para el logro de una conmemoración como la que fue tomando forma física en la tarde-noche del sábado 13 de noviembre se necesita laborar positivamente durante varios meses.
Y no sólo trabajar un puñado de organizadores sino que esa colaboración que se suele solicitar a la sociedad debe ser positiva incluido el ágape final como el que vivió ese medio millar de actores que tomaron parte de este emotivo y sensible reencuentro educacional.
Si profundizamos aún más en el tiempo y acercamos el análisis retrospectivo al germen inicial del hecho (formación de la entidad educativa) caeremos en la conclusión que para alcanzar ese anciano período de vida institucional fueron necesarios esfuerzos, bríos, trabajos, pensamientos y acciones encaminados hacia el ideal del resultado equitativo y justo.
Desde aquellos que contemplan el presente desde un plano equidistante hasta quienes laboran hoy el pan de la cultura en carne propia todos debieron tener presente el ideal del respeto mutuo, la acción justa y equitativa y el afán de crear una educación que prolongue el resultado más allá del 7º grado de primaria, forjando una meta de formación útil a la sociedad, cualquiera sea la profesión que les tocara en suerte desarrollar.
Eso puede redundar en el éxito de estas bodas de diamante donde maestros y alumnos, algunos con más de 90 años de vida, acercarse y derramar lágrimas de emoción sobre la tierra que les sintió vibrar desde niños o jóvenes adolescentes en el caso de aquellos docentes que algún día dictaron clases en sus aulas y experimentar nuevamente momentos de honda emoción viendo a aquellos niños hoy convertidos en dignos padres, abuelos venerables y hasta reverenciados bisabuelos.
Sólo ese correcto proceder atemporal a través del tiempo puede hacer que una pequeña comunidad educativa reciba lo que ha tomado forma en ese día de gloria como lo fue ese 13 de noviembre donde no sólo se preocupó el entorno sino que las colaboraciones recibidas alcanzaron hasta poblaciones de las provincias de Córdoba y San Luis desde donde hoy moran los colonos chacareros, ex habitantes de las colonias de Egusquiza, Presidente Roca, Lehmann, que aún recuerdan con amor y cariño el solar que orientó educacionalmente sus primeros pasos.
Cuando aquellos atávicos duendes de la noche despertaron con los fuegos artificiales finales un gran clamor brotó de los pechos de la multitud presente, como si aquellos que contemplaban todo ese júbilo desatado desde otras dimensiones certificaran ese enorme tropel de nostalgiosas y añejas reminiscencias con que los organizadores fueron capaces de condensar a través de esa programación evocativa.
El ágape final, excelentemente presentado por el club Atlético San Isidro en su local social, sirvió para prender su broche de oro en los jubilosos y emocionados corazones de los comensales, que usaron del vino bueno para alegrar el eterno brindis de la paz, la unión, el respeto y el trabajo mancomunado en pro del crecimiento colectivo de las sociedades civilizadas.

Autor: Antonio Fassi

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web