Se lanzan de cabeza a lo desconocido, son volátiles, difíciles de controlar, necesitan correcciones, requieren energía adecuada, pero tienen un retorno potencial enorme… que interesante resulta, como propone Ken Robinson, pensar a los niños a partir de la metáfora de los cohetes espaciales.
Según este referente, líder en educación y creatividad, los alumnos “no sufren déficit de atención, sino aburrimiento”. El sistema educativo actual es anacrónico, porque sigue ajustándose a las directrices impuestas hace siglos, en el que los alumnos estaban destinados al mundo industrial. Pero en la llamada sociedad del conocimiento, la educación debería, según Robinson, enfocarse a la innovación.
OBJETIVOS DE
LA EDUCACION
Los factores que intervienen en que el sistema educativo son tres clases: económico, cultural y personal.
Si atendemos al factor económico, hace unos 50 años, más estudios significaba posición social más alta, y beneficios en economía. “Pero el mundo ha cambiado y se ha convertido en el mundo de la información y los servicios, cuyo motor son las ideas y la creatividad. El modelo educativo de hoy en día debe ajustarse a esto”.
Según el factor cultural, la escuela debería ayudar a los alumnos a comprender el mundo que los rodea, a la vez que crear identidad social, y conocer y respetar las demás culturas.
Y en lo que al factor personal refiere, la escuela debe ayudar a los jóvenes a encontrar la mejor versión de sí mismos, descubrir sus talentos y destrezas. Sin embargo, la mayoría de los adolescentes al terminar su recorrido académico no han podido descubrir aquellas áreas en las que se destacan.
¿En qué medida la escuela a la que asistimos atiende este último aspecto?; ¿Cuántos jóvenes con excelentes promedios en la escuela se sienten frustrados en su vida personal?
¿No parece estar la sociedad configurada para que emoción y lógica se separen, en lugar de complementarse? ¿Se imaginan una sociedad en la que cada persona cumpla un rol acorde a sus gustos y destrezas? ¿Sería posible?
CONOCETE A TI MISMO
Desde la antigüedad se ha comprobado que una persona no aprende repitiendo, sino haciendo y emocionándonos. Por lo tanto, sostiene Robinson, “debemos crear un sistema educativo en el que el aprendizaje sea social y emocional”.
Ya nadie desconoce que el sistema educativo necesita renovarse, ya que es imposible educar a una sociedad con herramientas desfasadas. “Los niños de hoy en día no necesitan memorizar, sino experimentar, descubrir, atreverse, crear, innovar, ser felices. Los docentes no deben marcarles el camino, sino despejárselo para que puedan pensar por sí mismos”.
Educar en las emociones supondría estimular al estudiante a pensar antes de reaccionar, a no tener miedo del miedo, a ser su propio líder, autor de su propia historia, a saber cómo filtrar los estímulos estresantes y a trabajar no sólo con los hechos lógicos y los problemas concretos, sino también con las contradicciones de la vida.
Educar la emoción también es darse a sí mismo sin esperar nada a cambio, ser fiel a nuestra conciencia, extraer placer de los pequeños estímulos existenciales, saber perder, arriesgarse a transformar los sueños en realidad y tener el valor de entrar a sitios desconocidos. ¿Quién tuvo el privilegio de educar la emoción en su juventud?
Parece que creamos una sociedad que no nos prepara para vivir. Estamos vacunados desde la infancia contra una serie de virus y bacterias, pero no lo estamos contra la desilusión, la frustración y el rechazo.
Claro que atender los aspectos emocionales, no supone desentender la lógica, menos aún, la intuición. Conceptos para ir teniendo en cuenta.
LA MORALEJA
DE LA VIDA
Cuando John Lennon tenía 5 años, le preguntó a su madre cuál es la moraleja de la vida. Su madre le respondió: “Sé feliz”.
Otro día en la escuela, la maestra le dio una tarea que le preguntaba que quería ser cuando fuera grande, y John dijo que quería ser feliz. Al día siguiente, la maestra le dijo: "Usted no ha entendido la tarea", a lo que Lennon respondió: "Y usted no entiende la vida".