Economía

Cuando el dólar se queda corto y el pozo rafaelino se adelanta

¿QUÉ ELEGIR? Ahorrar en dólares o invertir en ladrillos, esa es la cuestión.
Crédito: FOTO ARCHIVO

Por Guillermo Briggiler

En Rafaela, donde el ahorro siempre estuvo ligado al trabajo, al lote propio y a la obra pensada a largo plazo, la comparación entre dólar y ladrillo vuelve a cobrar sentido. Lo que a escala nacional aparece como un cambio de tendencia, en el interior productivo santafesino se vive con mayor claridad: mientras el dólar dejó de ser refugio automático, la inversión inmobiliaria -especialmente en propiedades al pozo- volvió a mostrar una ventaja concreta frente a la simple dolarización del ahorro.

Durante los últimos dos años, el tipo de cambio avanzó en términos nominales, pero quedó claramente rezagado frente a la inflación. El resultado fue una pérdida de poder adquisitivo para quienes optaron por quedarse en dólares esperando una corrección que no llegó. El dato, que sorprendió a muchos ahorristas urbanos, en ciudades como Rafaela se tradujo rápidamente en una pregunta práctica: ¿conviene seguir atesorando billetes o es mejor transformarlos en algo productivo que genere ganancias?

La respuesta empezó a aparecer en el mercado de la construcción. El Índice CAC, que mide el costo de edificar y que es referencia habitual también para desarrolladores del interior, muestra que el valor de construir no se detuvo. Materiales, mano de obra y costos generales continuaron ajustando, incluso en un contexto de menor inflación. Para una ciudad con fuerte cultura del metro cuadrado, esto no es un dato técnico sino toda una señal de precio.

Ahí es donde las propiedades al pozo ganaron terreno en Rafaela. No se trata de grandes torres ni de apuestas especulativas, sino de edificios medianos, dúplex y complejos habitacionales pensados para renta y principalmente resguardo patrimonial. Entrar en pozo permitió fijar valores hoy que, medidos contra el costo de reposición futuro, ya resultan convenientes. En muchos casos, con esquemas de pago en pesos y cuotas que acompañan el ritmo de ingresos locales.

A diferencia del dólar, que se guarda y se espera, el pozo rafaelino se construye. Cada cuota que se paga transforma inflación en ladrillo, y cada mes que pasa acerca la inversión a un bien real que mantiene valor incluso en escenarios cambiantes. En una economía más ordenada pero todavía incierta, esa previsibilidad pesa tanto como la rentabilidad.

Rafaela tiene además una particularidad, pues el inversor típico no busca un golpe rápido, sino preservar capital, generar renta futura o dejar un activo tangible a la familia. En ese esquema, la propiedad al pozo encaja mejor que el dólar financiero. No depende de una devaluación para rendir; depende del avance de obra y del costo creciente de construir.

El escenario actual deja una enseñanza clara para el interior productivo. Cuando el dólar se plancha y la construcción sigue avanzando, el ahorro que se convierte en metros cuadrados le gana al que queda inmóvil. En Rafaela, como tantas veces, el ladrillo vuelve a demostrar que no es una moda ni una nostalgia sino que es una estrategia.

Entre los proyectos rafaelinos destacamos el de nuestro auspiciante, Regina Tower, el cual posee una combinación entre jerarquía, ubicación y calidad, que invita a vivir en el mismo, además de ser una inigualable inversión. Pensado para quienes desean cercanía con el centro de la ciudad y la seguridad de los edificios en torre frente a las casas tradicionales (con patios y medianeras), contando todas las unidades con amplios balcones individuales y ventilaciones cruzadas, para que te sientas como en una casa en planta baja, pero con vistas de nuestra hermosa y pujante ciudad.

#BuenaSaludFinanciera

@ElcontadorB

@GuilleBriggiler

Autor: 483223|

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