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Cuando el corazón no entiende de razones

Los goleadores de la Argentina ante Suiza, Alexis Mac Allister, Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
Crédito: AFA

Por Néstor Clivati

“Qué el futbol sea lo más importante de lo menos importante” es una frase que muchos repiten para justificarse en sus impulsos, en sus emociones, diría que hasta se trata de una expresión culposa, mucho más si es esa latinidad la que nos lleva a lugares de fervores nocivos.

No hay forma de sacarse de la cabeza imágenes con las que hemos crecido al menos en los últimos 40 años y que nos condicionan para analizar lo que, según Lionel Scaloni y la inmensa mayoría de los argentinos, es solo un partido de fútbol. Repito: es solo un partido de fútbol.

Sin embargo, y aquí esta el meollo de la cuestión, nadie puede permanecer indiferente frente a los hechos que señalan que luego de casi 30 años, ingleses y argentinos, se van a cruzar en un campo de juego para resolver, quién de ellos será finalista de la Copa del Mundo.

¿Es de Saccheri la novela? ¿O metió la cuchara el Gordo Soriano? Ni el Negro Fontanarrosa se atrevió a tanto, al pensar o dibujar un duelo que, por la emocionalidad y las cuentas pendientes, no registra antecedentes en la historia moderna de los mundiales.

¿Y entonces?

Unir a Diego con Leo, una vez más, es parte de una ficción que me genera un frenesí del que no tengo memoria en la cobertura de estos acontecimientos deportivos; es indivisible himno y pelota en estos casos, bandera y casaca, historia y presente, todo se entromete a pesar del buen deseo y los mensajes de moderación que aquí en Atlanta abundan de parte de quienes tienen grandes responsabilidades de ofrecernos las garantías de seguridad y confort, a pocos días del final de este periplo.

¿Por qué el fútbol se empecina en desencontrarnos?

Elegiré no atender sus razones y me quedaré con las mías, las de Scaloni: “Es solo un partido de fútbol”… a pesar de las lágrimas que vendrán en el himno mas emotivo jamás cantado en un estadio y en esas imágenes de un archipiélago perdido en una cartografía que tenemos grabado en nuestros corazones.

 

 

La inteligencia emocional definirá el resultado

Argentina llega a este cruce con ventajas estadísticas, ya que ganó todos los partidos y marcó 17 goles, el score más amplio del Mundial, cuenta que podría haber aumentado si Leo Messi no erraba los dos penales que ejecutó, todo un activo que pesa a la hora del pronóstico.

No obstante, la falta de equilibrio y solidez que ha transmitido el equipo nacional lo convirtió en vulnerable, incluso ante seleccionados con futbolistas de menor jerarquía y en algunos casos como Cabo Verde, sin experiencia alguna en competiciones de esta talla.

El último antecedente es aún mas preocupante porque el trámite del partido hasta la expulsión de Embolo, lo controló Suiza con argumentos que siempre fueron ponderados en el funcionamiento de nuestro elenco -la posesión de la pelota- albiceleste. Solo después de encontrarse con supremacía numérica, Argentina desató una furia de ataque que terminaron redondeando un triunfo más holgado.

 

Las dudas sobre qué plan delineará Scaloni y cuál será la interpretación de estos jugadores, algunos menguados físicamente y otros agotados de tanto trajín, se prolongarán hasta el comienzo de la batalla ante un equipo inglés, intenso en su despliegue y firme en sus convicciones de ataque.

La hora de la verdad se acerca implacable como nuestras palpitaciones, todo ha sido demasiado tenso hasta aquí; claro que los finales han sido celebrados y disfrutados como pocas veces. En consecuencia, nada le baja el precio a la legítima ilusión de otra victoria criolla.

Al fin y al cabo, estos tipos, nunca nos dejaron tirados.

(*) Periodista acreditado por diario LA OPINIÓN para la cobertura del Mundial 2026.

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