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Crónica de una resurrección

Asís, el corazón verde de Italia sembrada de bosques, de cultivos, de arroyos que descienden de las montañas, se ubica en la ladera de una colina de Umbria…

Constituye un importante sitio de peregrinación. Atrae a millones de visitantes que acuden a la Basílica para admirar los frescos de casi VIII siglos y honrar -frente a la cripta con sus plegarias- al hijo más famoso de la ciudad. Un día la paz que reinaba en el templo se quebró. Era la mañana del 26 de septiembre de 1997, a las 11:42 horas A.M. se escuchó un ruido similar a un trueno, que hizo retumbar a la Basílica entera. Se agrietaron los frescos de las paredes, se desplomó, uno que imitaba el cielo estrellado y las bóvedas de ladrillos que estaban pintadas desde el siglo XIII. También se perdieron vidas, cuatro personas fallecieron (operarios) en el movimiento de tierra que azotó la Basílica. Cuando el polvo, por fin se asentó, se habían derrumbado y hecho añicos unos 213 m2 de frescos, incluidos trabajos de gran trascendencia atribuidos a Giotto y Cimabue, ya que la Basílica es uno de los grandes logros artísticos, arquitectónico y espiritual de la humanidad. Si existe un monumento que represente los orígenes del arte italiano es la estructura de San Francisco. Según el historiador de arte Elvio Lunghi, “el templo marca la transición del estilo estático de la pintura medieval al más animado y realista que acabó de florecer en el Renacimiento”. Aunque las raíces de Cimabue se hallaban en la tradición bizantina, con sus congeladas imágenes ultraterrenales, él dio a esas formas estilizadas un contenido emotivo y un sentido dramático. Giotto, su alumno, realizó un arte un poco menos etéreo. Los frescos de la vida del “Poverello” de Giotto, se despliegan como un drama de época, con personajes reconocibles que interpretan escenas de gran fuerza. La iglesia alta, tiene ventanas con vitrales que iluminan un interior que parece elevarse al cielo. Las paredes y el techo están tapizados con los “grandes éxitos” del arte italiano antiguo como el ciclo de 28 frescos de Francisco y un par de crucifixiones de Cimabue de una belleza que no parece de este mundo. En el temblor todo el techo de la iglesia alta se cuarteó. Cuatro secciones se derrumbaron y dejaron dos agujeros como bocas abiertas. El que quedó cerca de la entrada abarcaba 93 m2 y contenía dos secciones pertenecientes a Giotto. Un gran fresco de San Mateo y parte de un cielo estrellado cubría unos 120 m. Aparte de los ladrillos con frescos aún intactos, los fragmentos más grandes de estas secciones cabían en la palma de la mano y los más pequeños no eran más grandes que una migaja de pan.


DAÑOS COLATERALES

Sergio Fusetti encargado de planeamiento, junto a Paola Passalacqua jefes de los restauradores afirmaron “el daño estructural más grave ocurrió en las bóvedas. Hasta que se construyó el andamiaje en la iglesia, lo cual tardó 6 meses existía el riesgo que las demás se derrumbaran en cualquier momento”. Los dos enormes agujeros del techo han sido rellenados con 25.000 ladrillos hechos a mano. Tiras de Kevlar, se entrecruzan en las bóvedas cuarteadas como gigantescas tiritas adhesivas. En una operación muy delicada los restauradores inyectaron más de kilómetro y medio de grietas con una argamasa especialmente formulada para no filtrarse a la superficie con frescos.

Casi toda la iglesia superior estaba llena hasta el techo de andamios de acero galvanizado, para ayudar a soportar las bóvedas, lo cual fue una suerte ya que las réplicas del temblor siguieron hasta junio de 1998. No hace falta aclarar que la labor fue prolongada y minuciosa. ¿Le interesaría conocer los secretos que implican contratar de restaurar frescos?. Por ejemplo en una de las bóvedas atadas al Giotto los frescos de conejos alados, grifos y otras bestias mitológicas, para evitar que “estas se descamen”, con precisión quirúrgica los expertos sostienen una hoja de papel de arroz contra la pintura, luego con un pincel, esparcen resina acrílica sobre la superficie para consolidar los pedazos y unir la pintura al yeso. Mientras tanto Paola Passalacqua y su equipo en lo que fuera un cavernoso establo -debajo de las dos iglesias- recogen pieza por pieza, los frescos de Giotto. Extendidas como si fueran pacientes sobre largas mesas blancas hay gigantescas ampliaciones fotográficas de los santos, de tres metros de largo por uno y medio de ancho, todas cubiertas con plástico transparente. Los fragmentos que se parecen entre si, se han colocado cuidadosamente sobre el plástico y su ubicación se ha delineado con marcadores. Los trabajadores rodean a los santos que yacen boca arriba, tratando de señalar con exactitud la ubicación de los fragmentos, basándose en el color en las grietas preexistentes, en los toques de pincel y otros defectos.


UN ACTO DE FE

En los días que siguieron al terremoto nadie tenía esperanza de que pudiera salvarse alguno de los frescos. Pero para Passalacqua el equipo de arquitectura, ingenieros, historiadores del arte, funcionarios eclesiásticos con unos 100 trabajadores pagos y 500 voluntarios, la misión podría ser posible. Mientras que los fragmentos de las obras de Giotto se estaban recomponiendo a mano; los de Cimabaue eran demasiado frágiles. A diferencia de la labor del primero, en que la pintura se aplicaba al yeso húmedo, el trabajo del segundo era pintar sobre yeso seco. “Como son tan frágiles cada vez que se tocan los fragmentos de Cimabue se corre riesgo de dañar a los demás: “explica Passalacqua. La tecnología los ayuda. Profesionales, técnicos, fotografías digitales almacenadas en disco de computadora. Mediante dicho proceso de producción de imágenes en tercera dimensión los ingenieros de la universidad de la Sapienza de Roma, diseñaron un programa que logró armar 120.000 fragmentos de Cimabue, cada uno de ellos tiene ya un número asignado y el programa trató de hacer corresponder cada uno con las fotos maestras. A diferencia de un restaurador la computadora puede almacenar en su memoria el tamaño, la forma y el color de todas las piezas.


TIEMPO FINAL

Abandonamos la Basílica luego de apreciar documentales, conferencias…preguntas y entonces caminamos por senderos que nos conducirían a Ud. y a mí a un “área” particular donde se multiplican las iglesias: imponentes, pequeñas, legendarias, ligadas por algún hecho a la existencia del “Poverello”. En el Duomo di San Rufino se puede admirar la pila bautismal donde fueron bautizados San Francisco y Santa Clara. Descendiendo unos 200 m está la iglesia de esta última. Construida a franjas blancas y rosadas, custodia en su interior los restos de la Santa. En la Capilla de las Reliquias se encuentra el crucifijo de San Damiano, delante del cual Francisco oyó la voz de Dios que le pedía que reconstruyera su casa. En la periferia se encuentra San Damiano, sitio muy importante en la vida del Santo. Aquí se reunió con sus primeros compañeros, escuchó la voz de Cristo del Crucifijo y se cree que compuso el “Cántico de las Criaturas”. Cualquiera sean las pasiones y aspiraciones que movieron a los que estuvieron decididos a devolver a la Basílica su antiguo esplendor, se ha producido un eco extraño del suceso que llevó a Francesco y Bernardone a revolucionar la fe hace 8 siglos. Al entrar a la iglesia de San Damiano que estaba desmoronándose, Francesco, de 24 años escuchó a Cristo hablándole desde la Cruz. ¿No ves que mi casa se derrumba? -preguntó la imagen en una súplica metafórica para que Francesco renovara la iglesia establecida, que estaba pasando por dificultades- Ve pues, y repárala por mí. Y así se hizo. Los restauradores de Asís, cada uno a su manera han escuchado un llamado similar. He intentado con palabras de amateur describir técnicas de restauración casi increíbles, la pasión de quienes intervienen en cada una de ellas, la obsesión de los que dirigían las obras y la voluntad de los operarios que trabajaron sin cobrar un centavo. No sé en cambio si pueda explicar con palabras la sensación de paz, de recogimiento, de felicidad, de renovación interior que se siente entre los muros de la Basílica. Sin embargo estoy segura, que Ud. pese a la distancia compartirá con igual intensidad dichos sentimientos. No es para menos, acompañará su alma a la fe, la humildad, la caridad de Francisco el “Poverello” y… el místico perfume de Asís.

Autor: Redacción

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