En nuestro país, como en todo el mundo, la superpoblación de animales domésticos es un problema que preocupa y ocupa a entidades proteccionistas, comunidades y gobiernos.
Si consideramos que el perro y el gato han sido domesticados por el hombre desde hace miles de años, y en ese proceso de domesticación perdieron su hábitat natural y con él las leyes naturales de regulación poblacional, entenderemos por qué es preciso remediar las consecuencias de tal intervención humana en la vida de los animales.
La superpoblación de animales domésticos afecta a las personas porque implica el riesgo de enfermedades zoonóticas, y castiga al animal sometiéndolo sistemáticamente al abandono y a la muerte.
Pensar en una solución al problema de la superpoblación de animales conlleva a considerar dos aspectos fundamentales, la ética y la eficacia.
Durante décadas se recurrió a la captura y matanza de animales, prácticas que aún en la actualidad siguen vigentes en muchos lugares donde la prevención no forma parte de las políticas de Estado.
Tanto sacrificio animal ha sido en vano y eso está a la vista pues no ha logrado controlar la población. Por el contrario, la situación se ha agravado debido a que la reproducción animal se da en forma geométrica, basta con decir para clarificar, que de una perra y su progenie, en el término de 7 años, nacerán más de 5000 perros y si se trata de gatos, en el mismo tiempo nacerán más de 500.000. Esta es la razón por la cual las matanzas no fueron ni serán eficaces jamás. Hay un dicho muy ilustrativo al respecto: “mientras la muerte viaja a pie, la reproducción va en jet”.
Los animales son seres sintientes pues poseen un sistema nervioso semejante al de los seres humanos, tienen capacidad de sufrir físicamente, de sentir dolor, hambre, sed, frío, también anímicamente, manifiestan alegría, miedo, tristeza, padecen estrés. Poder pensar en ellos con tales atributos naturales obliga a considerarlos merecedores de derechos.
Lo que ha sido aceptado por la sociedad en tiempos pasados, hoy ya no se justifica y se desprecia, la captura y muerte de animales domésticos no es una práctica ética en la actualidad porque somete a seres sintientes a situaciones de crueldad extrema e innecesaria.
“Prevenir es curar” reza el dicho, y es en la prevención donde se encuentra la solución, atacando el problema y no sus consecuencias; y como toda política preventiva, hablando de animales también, es el Estado quien ostenta el rol indelegable de implementarla. Los programas de castraciones masivas y gratuitas llevados a la práctica de forma correcta, son la manera ética y eficaz de encarar el problema de superpoblación de animales domésticos, porque respeta la vida y logra el impacto de control necesario.
Colaboración de “El Amparo”, Asociación Civil.