Antes de la presentación de “Punto (F)” el miércoles 15 de febrero en el Cine Belgrano, Martín Molinaro, en una entrevista con LA OPINION, no anticipaba el argumento de su película, pero sí una consigna: "Cuando se asume que no va a pasar nada, es cuando comienzan a suceder cosas".
Y luego de ver el filme (de tipo experimental), si preguntasen acerca de la historia que cuenta, una posible respuesta podría ser: nada. ¿Pero cómo nada? ¿Es posible que la nada exista?
UN PUNTO
Aquella noche la sala del Cine Belgrano estaba casi llena. Había adultos, jóvenes, algunos niños también. La proyección había comenzado pasadas las 21:30.
Cerca de las 22, la persona que se sentaba a mi lado se levantó y se fue. ¿Aburrimiento?, pensé. Dudaba que haya sido ese su motivo, porque él es de los que logran escuchar los sonidos del silencio, los que encuentran belleza en una imagen, o en la sucesión aparentemente “desordenada” de versos. Y a todo ello invita esta (“rara") película, pensada, escrita y dirigida por Martín Molinaro.
¿Pero de que se trata “Punto (F)”?, era la pregunta inicial, la misma que formulan muchos de los que no fueron a los que estuvimos allí.
En esta primera película de Molinaro no se hace uso de palabra pronunciada, sólo en una escena se escucha una radio de fondo; tampoco hay temas musicales como parte de la banda sonora y el manejo de la cámara también se escapa del convencional (es decir, al que estamos acostumbrados). La historia no respeta la clásica estructura lineal de los relatos (situación inicial-conflicto-desenlace-situación final), y lo más interesante: no hay final.
En un momento del filme, la escena se prolonga y prolonga… Debo entonces confesar que fui de las primeras que en esta parte de la proyección se marchó, y por ello desconozco cuánto tiempo dura esa escena.
Y me había ido sabiendo que ese era el final, ya que no había abandonado la película antes temiendo que algo pasase. Por esa misma razón, mucha gente se quedó, según me dijeron después algunos espectadores.
Situación inicial-conflicto-desenlace-situación final, consideremos, es la estructura de las narraciones ficcionales (cuentos, novelas, películas, entre otras) que solemos aprender y enseñar en las escuelas. Pero esa es una alternativa, no la única, para contar una historia.
Y “Punto (F)” es coherente con trabajos anteriores de Martín Molinaro, como algunas performances realizadas en espacios de la ciudad. Pero esto no implica que para ver el filme tengamos que conocer su obra. Cada espectador hará su propia interpretación de la película, a partir de la experiencia vivida esa noche en el cine y atravesado por sus propias emociones, conocimientos, aptitudes.
LOS SONIDOS
DEL SILENCIO
Acerca de la casi ausencia de palabras, puede uno pensar por qué a muchos espectadores les incomoda el silencio.
¿Qué papel ocupa el ruido en nuestras vidas?, ¿Qué pasa cuando apagamos la TV, desenchufamos la PC, el quipo de audio y la radio? (¿Hacemos eso de vez en cuando?). Y cuando ocurre un bajón de energía eléctrica por la noche (algo que sí suele ocurrir) ¿nos asusta la oscuridad o más nos asusta el silencio?
Escuchar los sonidos del silencio, tal vez sea una buena propuesta a la que invita “Punto (F)”.
UN CICLO (O VARIOS)
Molinaro propone a los espectadores, en una especie de sinopsis del filme: “Imagina un dibujo. Una línea recta en una hoja. Un gran óvalo que está dividido por la mitad por esa línea recta (…) Dentro del óvalo hay dos óvalos más (…) Al óvalo grande lo llamaremos ciclo, al primero de los pequeños lo llamaremos «el viaje», al segundo «el regreso». Y al punto en el que se tocan los dos óvalos menores lo llamaremos Punto (F)”.
¿Se detuvieron a pensar que cuando vemos un punto estático, olvidamos que una línea es la suma de puntos que adquieren movimiento? Y si la línea se convierte en óvalo, cuando llegamos al punto de inicio, empezamos otro ciclo, sin darnos cuenta.
Y una vez que iniciamos el trayecto, ¿cuántas vueltas podemos dar?
“Punto (F)” no tiene final. Y muchos espectadores en la sala del Belgrano se mostraron enojados o molestos por ello.
Por qué se enoja la gente, pensé, si los finales en la vida suelen asustarnos. ¿Será por eso (porque los finales reales asustan) que inventamos finales a los cuentos?
Y si la vida fuese (tan) cíclica que no aceptase finales. ¿Adónde vamos cuando parece que ya no vamos “a ningún lado”?; ¿Existe un camino de ida y vuelta? La vida parece no seguir una línea recta…
UN MISTERIO
En la sala, aquella noche hubo gente que se mostró molesta; y hubo gente aturdida, pese a la casi ausencia de palabras pronunciadas (el aturdimiento que puede venir, sabemos, de los propios pensamientos, o de la falta de costumbre). Y hubo gente, muy poca, que salió de la sala con una sonrisa.
Una mujer salió diciendo: “Llegué Martín, llegué”. Y el artista-director, cuyo rostro en ese momento revelaba algo de nerviosismo o ansiedad, tal vez ni recuerde esa expresión. Pero yo, que estaba junto a ellos, la miré y nos sonreímos. No dijimos nada.
Creo que ambas intuimos que esto se parece a un juego. O a veces está bueno considerarlo así. Un juego, como suele ser el teatro, la danza, los cuentos; un juego donde hay leyes y somos responsables.
Un juego donde nadie nos puede quitar la posibilidad de sonreír, porque la vida, al final, no es misterio que podamos resolver, pero sí uno que podemos vivir…