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¿Con qué historia soñamos?

Ese domingo de verano la pregunta dicotómica no fue acerca de fútbol (¿River o Boca?, ¿Central o Newell's?) sino acerca de otra “pasión” de muchos argentinos. Porque el lunes 17 comenzaban en los dos canales más vistos de la televisión, las telenovelas que se disputarán la atención del público en el llamado prime time: “Herederos de una pasión” por El Trece, y “El Elegido” por Telefe.
¿Cuántos televidentes encienden por las noches el televisor para dejar que esa pequeña pantalla convierta su rutina en una fantasía impregnada de amores contrariados y esperanzas de finales felices? ¿Y qué sucede si la historia retoma conflictos sociales? ¿Nos vemos reflejados en esas situaciones? Si la principal función de los productores es vender un producto y para ello apelan a ciertas estrategias, como espectadores podemos preguntarnos por las lecturas que de estos programas hacemos.
La telenovela constituye un género básico, aunque no exclusivo, de la ficción televisiva y también es una expresión genuina de la cultura de masas. Es además un género heredero de muchas manifestaciones culturales y al ser transmitido por capítulos produce la sensación de la cotidianeidad, del tiempo real. De cierto modo, sus historias conviven en la sociedad: no sólo durante su emisión, sino también por su presencia en las conversaciones cotidianas y en la construcción de identidades y comportamientos.
Una de las características de este formato es “su voluntad de no acabar nunca, de prolongarse indefinidamente”, y para ello “se enrosca sobre el deseo del espectador y se reproduce enroscándose a su vez sobre sí misma, sobre sus personajes, sobre sus anécdotas narrativas”, como identifica el licenciado Marcelo Moreno (www.antroposmoderno.com).
¿Pero que significa que una telenovela se enrosca sobre el deseo del espectador? El deseo del televidente permanece atrapado en el relato gracias a ciertos “procedimientos de la cultura de masas y del impacto espectacular: estructura narrativa compleja, red de conflictos en la relación entre personajes, secuencias muy breves y la existencia de un núcleo de temas como dinero, violencia, sexo, cuerpos deseables”. Y existen alianzas amorosas, sexuales, económicas y también alianzas negativas o conflictos.
Otra característica de este formato es que presenta un universo simultáneo al del espectador. ¿Acaso no hablamos de esos personajes como si fuesen reales aún sabiendo que son seres inventados por los guionistas? Los personajes coexisten con el espectador en su mismo tiempo cotidiano: cada nuevo episodio es un reencuentro con unos seres electrónicos que se han introducido en nuestra rutina. Esto sucede porque están realizados de acuerdo con un arquetipo estable que puede ser reconocido con facilidad por el público.
¿Podemos decir que en esos personajes nos vemos a nosotros mismos? En esas historias y sus protagonistas identificamos o vemos reflejados nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras pulsiones, incluso nuestros pecados o errores. Un recurso poderoso que tiene la telenovela para alcanzar sus objetivos es la identificación del espectador con los personajes.

TELENOVELA CON FINES SOCIALES
Si miles de espectadores siguen las historias y esperan ansiosos conocer el desenlace de sus protagonistas, entonces, ¿por qué no utilizar este medio para transmitir mensajes que pueden ser útiles para la sociedad? Aunque este no es un género que en sí mismo busque educar, en más de una ocasión ha sido un medio para conseguir a través de sus proyectos un beneficio para la sociedad. En nuestro país hay ejemplo de telenovelas utilizadas como un medio capaz de sugerir y fomentar cambios de actitudes (la trata de personas, la violencia de género, los conflictos en los barrios humildes, son temas tratados en tiras recientemente emitidas).
La telenovela de nuestra época puede retomar conflictos, cambios sociales y políticos, quizás focalizándolos en la familia o en la pareja pero relacionándolos con problemas que trascienden los vínculos primarios, convirtiéndose así en un hecho social que crece y juega con acontecimientos tomados de la realidad. Y su efecto también depende de la familiaridad o identificación que creamos con los personajes.
Sin perder su principal propósito que es entretener, las telenovelas pueden incluir temas que nos permitan a los televidentes reflexionar, cuestionar nuestro modo de vivir y pensar sobre problemas a los que nos enfrentamos.

NOTA DE AUTOR
Investigando acerca de este género televisivo surgen preguntas (y los lectores sabrán perdonar esta tendencia). Si esa pequeña pantalla puede ser un medio para relajar la mente y hacer, de cierto modo, más liviana la rutina, pienso en contradicciones inherentes a los géneros de entretenimiento. ¿Por qué los shows que dicen mostrar “personas y situaciones reales” parecen ficciones guionadas, superfluas y sinsentido, y las telenovelas que son ficciones, en cambio, pueden reflejar de manera más genuina nuestros deseos, fantasías e incluso ciertos conflictos sociales? Cada espectador elige como entretenerse por las noches (quizás jugando un poco con su imaginación, quizás dejándose adormecer).

Autor: María Florencia Forni

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