Murió el Guchi Parra. Cuatro palabras impactantes, de esas que nunca quisiéramos escuchar. Que duelen, pero que son parte inevitable de la vida, cuando se baja el telón por última vez, como le ocurrió a Viviano ayer, casi sin darse cuenta, imbuido en sus cosas hasta el mismo minuto final. Una partida triste, con mucho dolor, pero serena, con la paz de conciencia que deja el haber sido una muy buena persona, transitando su existencia con sencillez pero con una visión, entusiasmo e inquietudes que lo llevaron a ser una persona de consulta, respetada y por sobre todo escuchada, que supo ganarse tanto la atención como el silencio.
Sus 85 abriles no transcurrieron en vano, tan buen padre como familiero de ley. Gran trabajador, buen amigo, formado en el esfuerzo, charlista de los buenos y enorme coleccionista de recuerdos, con muy ricas y jugosas anécdotas, casi siempre con protagonistas que fueron primeras figuras del espectáculo nacional, con las que estuvo codo a codo en aquellos buenos años de la Chopería Parra, cuando muchas veces se debió cortar el tránsito por bulevar Santa Fe porque el público lo desbordaba todo, cubriendo cuanto hueco quedara libre.
Los recuerdos del Guchi de aquellos tiempos le iluminaban los ojos, tal vez por alguna lágrima que trataba de contener. Fue una parte grande de su vida, de su familia, pero también de la ciudad. ¡Cuántas veces le escuchamos relatos de esos tiempos de verdadera gloria! Así los siguió disfrutando, repasando historias, momentos, nombres de larga fama del tango, del folclore, de la revista. Muy pocos fueron los que no pisaron su escenario, era una cita infaltable en cuanta salida hacían por el interior. Desde Horacio Guaraní, Jorge Cafrune, pasando por Amelita Vargas, hasta Alberto Castillo o Edmundo Rivero, en el medio vaya recordando nombres y seguro que desfilaron por aquella legendaria chopería. Si hasta llegó a tener su propia zamba, "La Guchi Parra", que escribió y le dedicó Ismael Linares.
Pero lo de Viviano no fue sólo familia, amistad y trabajo, también tuvo vocación por servir a la ciudad, en muchos aspectos. Embalado por su hermano Luis Ambrosio, que junto a su otro hermano Reynaldo eran los políticos de la familia de ese entonces, llegó a ser candidato a la intendencia de Rafaela en 1983, nada menos que en el regreso a la democracia. Seguro, por el peronismo, una identificación que para la familia Parra es casi un sello.
Hasta no hace muchos años, cuando debió claudicar por un problemita físico, se mantuvo activo con la práctica del tenis, junto a otros veteranos con los que despuntaban el vicio, formando un grupo consolidado por una amistad muy fuerte, como siempre la entendió Viviano, sin dobleces ni flaquezas.
El 10 de julio de 2009, en la biblioteca Sarmiento tuvo una de las grandes satisfacciones que siempre le continuó brindando la vida. Es que esa noche, y ante una sala colmada, fue la presentación del libro "Viviano Guchi Parra. Acariciando recuerdos", escrito por otro amigo, Angel Balzarino, quien acumuló material, entrevistas y charlas, para volcar en esa obra que ahora quedó, tal vez, como el más valioso testimonio de una vida rica en esfuerzos, en matices y logros. Junto a otro amigo, Edgardo Peretti -con quien compartimos largas jornadas en la redacción del diario y también muchas charlas con el Guchi-, tuvimos la suerte que Viviano nos pidiera que hiciéramos la presentación de ese libro que, en realidad, fue una verdadera "caricia de recuerdos".
Queremos despedirlo recordando su rostro sonriente, su buen humor siempre presente. Nos quedó pendiente un encuentro, la revisión de alguna de sus historias. Vaya para su dulce compañera y esposa Elide, sus hijos y toda la familia Parra, nuestro acompañamiento en la triste despedida. Aunque seguro, desde allá arriba, con alguna mueca pícara, el Guchi estará pidiendo que lo comprendamos: era hora de partir.
Roberto J. Actis