Sus 140 centímetros se pierden en la inmensidad de la ciudad universitaria cordobesa. Son las 8:40 y Kouichi, con 13 años recién cumplidos, espera ansioso por lo que será su bautismo como alumno universitario.
En el módulo D de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (FAMAF), la presencia de este pequeño genio –que terminó el secundario el año pasado con 9 de promedio–, no pasa inadvertida: “Siempre es especial un primer día de clases. Tengo un cosquilleo en el estómago, pero estoy bastante tranquilo”, dice Kouichi Cruz, según informó diario Clarín. Además de la licenciatura en Computación que comenzó a cursar anteayer, seguirá en simultáneo otras dos carreras: Ingeniería Informática y Ciencias Económicas.
De zapatillas amarillas, remera al tono y campera turquesa, el chico fanático del tenis y de David Nalbandian cuenta que repartió su verano entre la diversión y los libros. “Estuve en España con mis papás y mientras leía los apuntes. Por suerte, promocioné los ingresos a las tres carreras”, destaca.
Minutos antes, Kouichi había rendido en tiempo récord el último parcial de ingreso a Ciencias Económicas: en apenas 25 minutos, completó un examen que contemplaba dos horas para su desarrollo. De allí, caminó solitario hacia las aulas del FAMAF, donde fue recibido cariñosamente por su profesora de Análisis I, Marta Urciuolo: “Esta es una experiencia muy linda y especial para mí. Espero estar a la altura de la situación”, dice, parada frente al enorme pizarrón.
A unos metros, 50 compañeros miran al pequeño con admiración y sorpresa. Gustavo Lazarte, tío de Kouichi, le da el aliento final. “Vamos campeón, con ganas”, le susurra, y lo besa en la frente.
“Tratamos de apoyarlo en todo y darle mucha contención. Siempre le digo que él tiene inteligencia intelectual, pero que debe cosechar la inteligencia que te da la vida. Así será una buena persona”, dijo su tía, Alejandra Lucero. Kouichi vive con ellos en Villa Allende ya que sus papás, Rolando y Ana, trabajan en el exterior.
Kouichi habla inglés, francés, alemán y “se defiende” con el italiano. Alejandra recuerda que cuando tenía 4 años “le hicieron un test de inteligencia en un colegio de Bahía Blanca. El resultado fue de 145”, sintetiza. Según la Organización Mundial de la Salud un superdotado es aquella persona cuyo resultado sea superior a 130.
Sus dos primeras horas como universitario se consumen rápidamente. Entonces, el alumnado se levanta a las apuradas y el aula queda desierta en segundos.