(Por Carlos Pedemonte). - Supiste sufrir desde pequeño, con tus manitos estiradas y tus ojitos húmedos de ilusión, corriste detrás del camión, que repartía juguetes de Perón. Supiste de la alegría de tu abuela, con la máquina de Eva, supiste llorar, de abandonar y no poder amar. Supiste de ser mendigo, ladrón y de la prisión. Con el deseo fuiste ola y sin rencor, pura roca. Escapaste de todos tus encierros. Fuiste libre. Escapaste de tu cuerpo, serás de todos. De tu herencia tomamos tu conciencia. De tu memoria, la pasión. De tu vida la mejor lección, sentir con el estómago y pensar con el corazón.