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Cómo ser padre hoy: "hay que poner límites"

Daniel Ricardo Bergagna es de la clase 1960, se casó a los 36 años con Olga Lucía Bergesio, de cuyo matrimonio nacieron Guillermo de 14 años, Josefina de 9 y Federico de 7 con síndrome de down.

"Me casé grande, siempre pensé ser padre y formar una familia. Cuando llegó el primero fue una revolución en el matrimonio. Fue un cambio para bien y como padres vas aprendiendo cosas sobre la marcha", cuenta a este cronista de LA OPINION.

En ese momento Olga trabajaba en Sunchales y por este motivo decidió enseñar en nuestra ciudad, recalando en el Jardín de Infantes "Olga Cossettini" de nuestra ciudad.

Por su parte, el entrevistado trabaja en la firma Austin Powder Argentina SA con sede en Rafaela, en el sector de administración y finanzas, empresa dedicada a los explosivos de seguridad para canteras. 

Luego vino al mundo "la" Jose: "tuvimos que aprender a repartirnos como padres para darles el mismo cariño a los dos", agrega. Pasó el tiempo y fue el turno de la llegada de Fede. "Cuando faltaban unos 2 meses para nacer en la ecografía aparecieron cosas raras con las medidas del bebé. No nos quedamos tranquilos e hicimos otra y había diferencias en los huesos".

El día que nació le informaron que Federico tenía síndrome de down. "Me quedé helado y encima se complicó con mi mujer porque tenía hemorragia pasando a terapia del Moreno y Fede trasladado a la sala de la Neo de la Clínica de Niños, corriendo 3 días de un lado para otro", confiesa.

Llegó el momento de dar esa noticia a su mujer y Daniel, acompañado por unos amigos, tomó coraje y le contó lo que ocurría y estos amigos salieron como padrinos. "En un momento nos hicimos una infinidad de preguntas, por qué a nosotros, pero después fue asimilado y había que seguir para adelante. Le teníamos que dar lo necesario para que lleve una vida lo más normal posible", afirma.


ESTIMULACION

TEMPRANA

-¿Cómo tratar a un chico especial con capacidades diferentes?

-Como Rafaela no estaba preparada en 2004 para una inserción educativa y social, elegimos la Escuela Especial Nº 281 que depende de la Asociación CANDI en Sunchales que lo ayudaron en la incentivación y la estimulación temprana a través de masajes porque tenía los músculos más flácidos y a caminar con progresos que se fueron viendo con el tiempo. Esto sumado a turnos con profesionales de fonoaudiología y psicopedagogía, terapias que fortalecieron para que el chico se desarrolle normalmente.

Así Federico fue al Jardín particular y luego ingresó en la sala de 4 años del Colegio San José -también asisten allí sus hermanos- con un tratamiento acorde a su edad, actualmente cursa segundo grado "C" por la tarde.

"En esta escuela hay un gabinete de contención y seguimiento porque hay otros chicos con problemas similares, teniendo adaptaciones curriculares para su aprendizaje, sumado a la presencia de docentes de APADIR en las clases", menciona.

Como los chicos de su edad,  Fede aprendió a leer, escribir y realizar operaciones de matemática. "Tiene la autorización para no cursar inglés e italiano por problemas de modulación en la expresión. Es un chico que se expresa y se relaciona con todos; es un personaje", precisa.

Esta situación particular hizo cambiar la realidad familiar y su inserción social por contar con capacidades diferentes, no enviándolo a escuelas especiales sino insertándolo en una escuela común como establece la ley provincial.

Según pudo averiguar en su momento el entrevistado, en nuestra ciudad habría unos 2.000 casos de estas características, se avanzó en reuniones de padres y la posibilidad de crear una asociación en el futuro.


PONER LIMITES

Sobre cómo tratar a los hijos, Daniel aclara que "te cuestionan todo, reciben mucha información y te hacen preguntas, el secreto es cómo contestar para que las respuestas sean entendibles".

En el caso de Fede que a veces se porta mal como cualquier chico, "los hermanos mayores lo aconsejan y enseñan a portarse bien, a conservar los amigos. Esto nace de una familia conformada en base al respeto y a la educación en los valores", sostiene.

Y añade: "cuando los chicos hacen cosas malas tienen su castigo que cumplir para que asuman y aprendan que hicieron algo mal. Lamentablemente, la sociedad está perdiendo los valores, los padres trabajan todo el día y están muy poco tiempo con los hijos, entonces quieren darles todo. Pero hay que ponerles límites, saber esperar porque la vida tiene sus sacrificios y no hay que darles todo en bandeja".

Bergagna es una persona muy inquieta. Desde hace un tiempo integra la subcomisión de fútbol infantil del club Peñarol, donde participan unos 350 chicos.

"Hacemos jugar a todos, es una escuela de fútbol donde buscamos que los chicos se diviertan, adaptándose a las normas de disciplina. En cada torneo llevamos dos equipos por categoría porque no juegan solamente los mejores sino todos", grafica.

Finalmente, aprovecha para destacar la ayuda y el acompañamiento de su esposa. "Cada uno tiene sus actividades y responsabilidades. Los fines de semana cocino yo para que ella se dedique a las tareas de la casa y de limpieza, sumado al tiempo adicional que insume Fede".

Autor: Emilio Grande (h.)

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