Con el objetivo de echar luz sobre la forma que tenemos los argentinos de pararnos ante el hecho de la muerte, la consultora rosarina MEC realizó el primer estudio de carácter exploratorio aplicando nuevas herramientas. Dicho estudio fue presentado en el Foro Nacional de tanatología realizado en Rosario en junio de 2011.
El estudio permite detectar profundos cambios socio culturales que afectan los comportamientos sociales. Según el momento histórico en el que se encuentren, las sociedades enfrentan con distintos ojos la hora del final. Las modificaciones que han experimentado los ritos funerarios han sido lentas y casi imperceptibles a lo largo de los siglos; sin embargo, en la actualidad se encuentran en un proceso de transformación mucho más visible.
En una generación, la actitud dio un vuelco llamativo: lo que ordenaba la conciencia individual o colectiva es rechazado y un claro ejemplo de eso es el luto. Por otra parte, lo que era rechazado, ahora se recomienda, como la actitud de no realizar el velatorio o utilizar la cremación como opción.
"El siglo XXI trajo consigo una forma de vida «líquida» -como la describe el sociólogo Zygmunt Bauman - marcada por la inestabilidad y las indefiniciones. El auge de la individualidad marcó el debilitamiento progresivo de la red de lazos sociales. La glorificación del cuerpo, de la salud y de los jóvenes constituyen el centro del sentido de la vida. El bienestar, el disfrutar la vida y el evitar el dolor son las metas de la subjetividad contemporánea. Existe la sensación de que todo puede ser construido y cambiado desde uno mismo, así es que se vive en una época que vira hacia el eclecticismo religioso. En ese contexto, el aumento de la esperanza de vida y los adelantos científicos intentan «resistir a la muerte», alimentando la íntima fantasía o coqueteo con la inmortalidad”, son algunas de las conclusiones que se desprendieron del estudio.
Asimismo, una de las características que se refleja en la actualidad es que la muerte ha dejado de ser un problema humano y religioso para pasar a ser un problema de funcionamiento del cuerpo. Nace de esta forma una nueva dialéctica entre naturaleza y ciencia. “Es cuestión de no vivir la muerte como algo tan dramático y doloroso y empezar a convivir con la idea de que es otra instancia de la vida”, coincidieron las personas que integraban uno de los grupos expuestos al análisis.
NUEVOS DUELOS
“En el pasado se pensaba: «algo de mí se ha ido con él». Ahora, se ve una nueva tendencia: «algo de él se ha ido con la muerte». Antes, con los rituales funerarios (velatorio y entierro) se iniciaba el trabajo del duelo y la presencia del cadáver ayudaba a la confirmación de que ese ser querido no existía más. En cambio ahora, a partir del momento de la muerte del otro, con baja esperanza de que haya algo después, en un mismo acto el sujeto contemporáneo separa la vida de la muerte, los vivos de los muertos, la persona que murió de su cuerpo”, explica el informe, aunque con una salvedad: “Lo verdaderamente intolerable sería la muerte de un hijo, la fatalidad de un accidente, o el fallecimiento de las personas jóvenes. Ahí ocurre una invasión del dolor frente a algo que no encuentra sentido”.
"La seguridad que brindaba el rito colectivo ha sido desplazada por la incertidumbre y la inquietud en el plano personal. Hoy, el acto (el velatorio y el entierro) separa la muerte de la elaboración del duelo. En estos casos se produciría cierto rechazo a la simbología propia de la muerte, algo que se traduce también en un rechazo a quedarse con la imagen del cuerpo muerto como última imagen. Así, se afronta otra actitud ante la elaboración del duelo, caracterizada como personal, íntima, singular, que compromete una dimensión de tiempo subjetiva, un trabajo psicológico, separándolo de las costumbres que acompañan a la muerte como puede ser el hecho de llevar luto. Se pone en juego otro tipo de despedida y de homenaje" pone de relieve el estudio realizado.
SIN TANTO LLANTO
El estudio demostró también que no se está en presencia de una muerte «sin rito», o camino a la desaparición de los rituales funerarios, sino que la tendencia varió, las modas se imponen y los rituales se modernizaron, en sintonía con los cambios de época. Adquieren así nuevas formas y nuevos significados.
Antes había normas y pautas pre-establecidas: el luto obligatorio, las lloronas, el tarjetero. Todo tenía un fuerte sentido social-comunitario: el ritual fortalecía lazos sociales, el muerto era parte de la comunidad, y quedaban expuestas también fuertes diferencias por nivel socioeconómico.
Pero luego de un cambio generacional profundo, se abandonó la costumbre de velar en casas particulares (esta práctica hoy se circunscribiría a los segmentos más humildes) y se introducen nuevas costumbres: las casas velatorias y los sistemas pre-pagos de cobertura de sepelio. Esto vendría acompañado de cambios en la subjetividad: flexibilización de las conductas, privatización de los cementerios, nuevas éticas y nuevas estéticas.
OTROS CAMBIOS
Antes los velatorios eran prolongados, en sitios solemnes, con mármoles y bronces que daban un aspecto lúgubre y hasta morboso al entorno. Los entierros tenían lugar en su mayoría en cementerios públicos, cargados de imágenes, placas y monumentos.
En cambio ahora, los velatorios tienden a ser más breves, cerrados por la noche o incluso se prescinde de él. Se hacen en lugares que se asemejan más al living de una casa, con catering, desayunos, menos presencia de flores y arreglos. Por otra parte, aparecieron los cementerios privados que proponen un contacto con la naturaleza y se dio una creciente tendencia a la cremación junto con el rechazo a bóvedas y nichos.
Así, como parte de los cambios culturales que se viven en esta época se destacan el privilegio de la simplicidad; el sinceramiento de los vínculos, sin hipocresía y con menos formalidad; la valoración de lo descontracturado o relajado como respuesta al dramatismo; la aceptación de la diversidad ideológica y religiosa ("Hay otra vida después de la muerte"); la apropiación de nuevos modos de despedida: deseos de despedir con tranquilidad, sin ostentar la pena. Se da también una búsqueda de la armonía perdida donde empieza a tallar el impacto de otras filosofías, tales como las orientales, o el yoga.
En lo que respecta a los lugares donde la muerte tiene una presencia inevitable como los cementerios o las salas velatorias, se le da un privilegio a la claridad visual, a la armonía y la ligereza: utilización del color blanco, como símbolo del equilibrio. Se comenzaría a prescindir de los símbolos y signos tradicionales de la muerte como cruces de bronce, velas, coronas, crisantemos. En lo que respecta a los aromas, se preferiría que no sean invasivos ni fuertes, imponiéndose una demanda por vivir experiencias agradables a los sentidos.
En ese marco, aparecen nuevos valores como la "discreción", que se presenta como la versión moderna de la dignidad: la muerte debe ser silenciosa y no debe crear problemas a los supervivientes. Un nuevo valor se agrega en la sociedad: ser previsor, no dejar cargas económicas ni complicaciones a los deudos.
Así, de cara al futuro, los entrevistados trazaron caminos posibles en el marco de un nuevo concepto de despedida: cada familia decide qué desea hacer y cómo, marcando cierta “originalidad” en el modo de vivir y de morir. Aquí entran en juego los velatorios con espacios al aire libre o dentro de los cementerios parque. Estaríamos ante un momento de deconstrucción de las “pompas fúnebres”: la tendencia es a la no exhibición del cuerpo (ataúd cerrado, no uso de maquillaje y ropas que simulen estar vivo). Velatorios más cortos, aliviantes y menos opresivos.
La tendencia indica que las decisiones serán tomadas con anterioridad al momento de la muerte y que, poco a poco, la sociedad irá venciendo el tabú a hablar de la muerte, en la medida que cada vez acepte más a la muerte como un hecho natural. No está instalado hoy, pero todo indica que se podría ir en ese sentido.
LA CREMACION
La cremación es una tendencia en crecimiento que genera opiniones polarizadas ya que entran en juego al menos tres factores: el simbólico (representa la exteriorización de la última voluntad o deseo de un ser querido), el racional (menores costos/gastos: desvincula a los deudos de la tareas que representa el cuidado de las tumbas), y el imaginario (no tomar contacto visual con el cuerpo muerto, ni con su tumba). La cremación -más que otras tendencias- pone en acto lo efímero de la vida.