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Como en la zamba, aquí va la segunda

(Por Enry Milesi). - Merced a la amabilidad de las autoridades de este medio que tuvieron a bien concederme nuevamente un espacio, entro a comentar las distintas interpretaciones de la noche del 16. Todo comenzó con un inesperado Himno Nacional en un pretendido “solo” por Marcelo, digo pretendido porque todo el público de pie y superando esa timidez que nos caracteriza, lo coreó con el merecido respeto.¿Podrá ser el arte el camino hacia un sentimiento de Patria sin otras connotaciones, que aún nos falta, y cantemos nuestro Himno sin inhibiciones que se manifiestan aún en los escolares?... Siguieron dos “solos” más, “Poeta y aldeano” y “Czarda de amor” con la expresividad dada por los pianísimos y los fortes y una técnica por momentos asombrosa, cerrándose así esta primera parte.

A continuación se dio entrada a los restantes componentes del Quinteto. Primero Germán Domenichini quien en bandoneón junto con Marcelo nos electrizaron con el “Libertango” de Piazzolla, difícil partitura por sus particulares disonancias y ritmo en la cual, se alternaron solos y dúos. Fue además una nota muy simpática verlos tan “hermanados” a través de miradas y gestos marcando entradas y aprobaciones.

Se presentó luego Duillo Quinteros con su guitarra y en un trío interpretaron el efectista “Tren expreso” provocando aplausos durante su trayecto ruidoso y sonoro invadiendo la sala. A continuación los dos restantes del grupo: Melania Yossen y su violín y Facundo Rubino que se ubicó entre su surtido equipo de “ruidos” tan variados y necesarios.

La aparición de cada uno de los integrantes fue recibida con un especial saludo del Director y el aplauso del público. Configurado ya el Quinteto, interpretaron primeramente “Encuentro” un dulce tema cuya autoría se debe a Marcelo y a continuación “New York Tango”. Tras la entrada de los invitados, Belén Nieva en flauta traversa y Emmanuel Miño al piano y ya Septeto, surgió un “Concierto de Aranjuez” realmente de antología. La recreación del exquisito tema permitió sucesivamente el lucimiento en “solos” de cada uno de los integrantes (aquí Rubino interpretó además un solo en trompeta) y los “tutti” en distinta intensidad culminaron en un brillante final, donde estalló el aplauso del público, respetuosamente contenido a lo largo de toda la partitura. Mi opinión personal: ¡la estrella de la noche! 

A continuación se interpretó “Nuestro tiempo” autoría de Germán Domenichini tema que tiene asegurado un futuro. Marcelo hizo un mutis y el sexteto resultante afrontó la conocida zamba “La pobrecita”, con un lucimiento en piano de Emmanuel Miño. Configurado nuevamente el septeto, tuvo lugar el conocido “Cité Tango” ¡nuevamente Piazzolla! popularizado por la serie televisa “Los simuladores” ejecución correctísima que fue muy bienvenida.

Siguió “En el camino” con su dulce melodía y luego aquel exitoso tema de años pasados, el baión “Delicado” en el que el público se incluyó haciendo ritmo con palmadas. Previamente a la “Canción del linyera” (cuya introducción estuvo en manos de Melania) tema lejano en el tiempo y especial para añoranzas de los mayores, Marcelo tuvo un reconocimiento hacia Octavio Castellano, gran acordeonista que al frente de su orquesta bailable alternaba con la típica en aquellos bailes de los clubes.

Y ¡¿que decir de “Kilómetro 11”?! Chamamé casi legendario y anunciado como partitura de cierre. Y esa elección fue el gran “error” de la noche, porque después de una interpretación que enardeció al público, que colmaba el teatro, resultó imposible fuera aceptada como el final, y aplaudiendo de pie y pidiendo un bis a viva voz, se negaba a abandonar la sala. Con alegría ante ese sincero cariño y pese al natural agotamiento de casi dos horas ininterrumpidas de actuación, y previos agradecimientos a todos los colaboradores presentes aunque invisibles: gerencia del Teatro, luminotécnicos, sonidistas, locución, firmas auspiciantes. Medios de comunicación… emprendieron otro chamamé “Tierra colorada” y Marcelo, un fragmento casi improvisado de “Zorba” a pedido de una dama.

Finalmente comprendiendo el esfuerzo realizado, la sala se fue vaciando a desgano, pero no así el hall de entrada donde entre meritorios comentarios se esperó a los artistas para el tradicional “besamanos”. No puedo finalizar sin decir algo del público, su público, que supo manejar las emociones: con el silencio respetuoso y con la explosión cálida del aplauso exactamente cuando correspondieron. Gracias por lo que nos dieron…y ¡hasta el año que viene, señores artistas!

Autor: Redacción

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