Fito Previderé acaba de completar su última y más trascendente obra. Desde ahora el “Adolfo” y más aún el desconocido para casi todos “Santiago” pasarán a ser datos oficiales con valor únicamente documental.
Fue de esas personas que conforman una unidad, demostrada en cada acto y cada gesto. Todos aquellos que lo trataron saben que cinco minutos de hablar con él eran necesarios para entenderlo. Si se lo seguía frecuentando tras los años, se confirmaba esa primera impresión de persona clara, conceptualmente segura.
Entusiasmo, energía vital, necesidad de concretar, pasión. Fue todo eso, más algo que no es frecuente en nuestra sociedad: el compromiso profundo con la propia naturaleza y la comunidad.
Entendió que el arte es la expresión más cabal para desarrollarse y para la comunicación: hizo las dos cosas. Nunca dejó de crecer artísticamente. Comunicarse fue su premisa.
Vivir el arte es gozar la excelencia de la intensidad. El hombre tiene capacidad para crear, y lo necesita. Para eso, precisa la relación con otros con igual sentir.
Fito Previderé fue esencialmente un artista de lo visual. La fotografía y la pintura fueron sus dos principales campos, y valoraba en forma muy especial a los escritores.
El trabajo permanente y la defensa de lo importante para la imagen y desarrollo de la ciudad fueron características suyas, bien a la vista. Era todo arte y compromiso.
Estaba desarrollando los últimos detalles de una obra muy esperada: el libro “Fotopoemas”, donde treinta poetas de la ciudad se inspiraron en fotografías y, a la inversa, la misma cantidad de fotógrafos trabajaron sobre textos de poesía, continuando la idea tan celebrada del “Fotopoemas” de 1971.
El mejor artista es el que vive su arte. Y cuando el arte nace desde lo intrínseco, lo humano pasa a tener influencia definitiva; coexisten la persona cabal y el creador más sensible. La personalidad total de Fito (no le ponemos ya las comillas) abarcó físicamente casi tres generaciones.
Es un lugar común decir que los que tienen la capacidad de crear se vuelven permanentes, porque queda una obra y un testimonio de vida, pero es una forma de mentirnos. Siempre preferiremos la presencia.
No podremos saber si es lo que deseaba, pero Fito ha culminado su obra más perfecta: logró expresarse para siempre.
El autor es presidente de ERA (Escritores Rafaelinos Agrupados).