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Círculo cromático

Cuando las teorías del color eran tan solo una mera intuición, antes de los siglos XVII y XVIII, el concepto pictórico tenía un carácter más tonalista que colorista. En aquella época, la ejecución de los cuadros al óleo requería una compleja subdivisión del trabajo. El maestro dirigía afanosamente esta tarea, al tiempo que educaba en el oficio a jóvenes pintores. Para estos aprendices, cuya meta era lograr a pintar al óleo, el único contacto que al principio les estaba permitido con el color era siempre a través del temple.

Sin embargo pronto surgieron los primeros tratados sobre el color. Newton, Goethe y Chevreul, entre otros, explicaron sus primeras teorías científicas en torno al color, influyendo notablemente en los pintores de su tiempo. Surgió entonces el problema de encontrar un procedimiento que reprodujera lo más fielmente posible los colores luz, concepto que los eruditos habían desarrollados en sus teorías. No se trataba ya de colores simplemente los cuadros con hermosas tonalidades ; era preciso copiar el color del natural con todos sus efectos, matices y consecuencias luminosas.

Los colores al óleo reúnen, como ningún otro procedimiento pictórico, las condiciones necesarias para poder copiar el color del natural lo más exactamente posible. Por ello, la pintura al óleo es en la actualidad el método más recomendable para iniciar en el arte de la pintura.

Los colores son sensaciones, la luz es color. Si captamos realmente el color en el natural y lo reproducimos correctamente en el cuadro, estaremos pintando la luz.

El Círculo Cromático.

Se conoce como colores pigmento, o colores materia, aquellos que el pintor utiliza para reproducir los auténticos colores, los colores del natural.

Tres son los colores primarios: el amarillo, el rojo-carmín y el azul. Estos colores mezclados de dos en dos, dan origen a otros tres, los colores secundarios: el verde, el rojo-anaranjado y el violeta. Naturalmente cada una de estas mezclas binarias depende de la producción de los primarios que intervengan para conseguir diferentes intensidades: mezclando por ejemplo, mucho amarillo con poco azul obtendríamos un verde más amarillento, viceversa,. Si por último, se mezclan entre sí los tres colores primarios en diferentes proporciones, se obtienen los colores terciarios que, en general, son los más frecuentes en el natural.

En resumen los tres colores primarios y en ocasiones ayudado por el blanco, se podría reproducir cualquier color existente. No obstante, en determinados casos surgen problemas debido a la capacidad pigmentaria de los colores.

Autor: Ezio Ricci

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