Este año decidí comenzar el recorrido invernal por el Cerro Bayo en Villa la Angostura. Aunque el paisaje estaba muy afectado con las cenizas, pudimos practicar esquí y algo de snowboard, pero la temporada fue muy mala para los angostureños, dado que no recibieron a turistas por la cancelación de los vuelos. El resto de las actividades estuvieron paralizadas a pesar de la ayuda anunciada por la nación, que nunca les llegó.
Para recomendar: El Correntoso, como alojarse y descansar, pero especialmente para degustar platos patagónicos con la mejor vista que puede ofrecer la villa.
La segunda parada fue en el Cerro Catedral en Bariloche. Además de disfrutar de las magníficas pistas de esquí, este año desde las cumbres mas altas se observaba una vista panorámica nueva. El hongo de cenizas que emanando del Puyehue, no dejaba de ser una postal increíble, pero también anunciaba la continuidad del problema con caídas de cenizas sobre las localidades lindantes.
El paisaje no estaba afectado en Bariloche, salvo los montículos de cenizas acumuladas por los mismos vecinos. Aunque menos que en Villa la Angostura, los lugareños prestadores de servicios turísticos resultaron afectados por la falta de turistas. Para recomendar: El Spa, en Villa Hunid, con vista al lago.
El paso siguiente fue Caviahue. Ni bien llegamos me calcé los esquí de fondo, para practicar ese deporte, que en invierno los aldeanos lo utilizan como medio de trasporte que le posibilita trasladarse de un lugar a otro. Debido a que es una zona de mucha nieve, no se puede caminar sin esquí o raquetas. Dicen que es el sitio, que más se parece a la Antártida.
Sembrado de araucarias, el destino ofrece una cantidad increíble de actividades complementarias, como snowkite, paseos con motos adaptadas a la nieve, esquí de fondo, paseos diurnos y nocturnos con raqueta, travesía. Para recomendar: excursión a las termas de Copahue a bordo de un Land Rover con oruga.
La aventura consiste en llegar a un pueblo fantasma que desaparece en invierno bajo la nieve y revive en verano con sus pobladores y prestadores de servicios alrededor de las termas.
Para recorrer el pueblo, tuvimos que caminar sobre los techos del complejo turístico y las casas lindantes, que brotaban entre la nieve. En verano funciona como centro termal de esparcimiento y rehabilitación, gracias a las propiedades medicinales del agua y el barro. El paseo incluyó un baño termal rodeado de nieve. Aquí las cenizas no comprometieron el paisaje
Finalmente nos dirigimos a Mendoza, primero a los Penitentes, que este año abrió, luego de varias temporadas de estar cerrado por falta de nieve y terminamos el recorrido en el Valle de Las Leñas.
Cuenta con 40 pistas y la mejor nieve polvo que existe en la Argentina, facilitando el desplazamiento y la posibilidad de disfrutar las bajadas en esquí, especialmente para aficionados como yo, que solemos caernos si la nieve no está en condiciones óptimas.
Para recomendar: el sillón, frente a la estufa a leña en Brasero (mi lugar preferido en el mundo). No sólo es el mejor restaurante, es también el sitio en donde se concentra toda la movida para todas las edades. Música en vivo, animaciones y un clima de buena onda.
En Las Leñas, todos los años, nos encontramos con algún grupo de rafaelinos, pero esta vez fue una sorpresa descubrir entre los esquiadores a la familia Valler (Corina, Gustavo y sus hijos) con quienes compartimos algunas cuantas bajadas en esquí, desde Vulcano. Definitivamente, las cenizas en este lugar no llegaron.
Otro lugar recomendable: visita a la laguna de La Niña Encantada. Las consecuencias de las cenizas del volcán Puyehue, se sienten muchísimo en la economía y la calidad de vida de los pobladores pero no modifica el disfrute de los turistas que visitan esos destinos.
Lo mejor que podemos hacer es ir, disfrutar y contribuir con las comunidades que están esperándonos con los brazos abiertos.