Más de una década atrás, Alfredo un perro callejero, empezó a frecuentar el sector, dinámico, activo, inquieto, cariñoso y ya sin uno de sus ojos - seguramente perdido en alguna batalla perruna-, capturando la simpatía de quienes desempeñamos actividades en esta zona rafaelina.
Con su especial modo de manifestarse, su gran sociabilidad, se aquerenció con esta casa y todos quienes laboramos en LA OPINION fuimos conquistados por su especial carácter y su desenfadada simpatía, fue acogido por todos, recibiendo alimento, atención veterinaria y mucho amor que él retribuía sin retaceos.
Nuestra casa no era la única que Alfredo visitaba, solía recorrer organismos públicos y comercios, y el afecto que se le brindaba desde aquí fue compartido con muchísima gente que cumple sus funciones en este sector de la ciudad, porque Alfredo, andariego y curioso, solía ingresar en diversos sitios, trabando amistad con todas las personas. Como era callejero por derecho propio, como dice la canción, nunca se estableció en un lugar determinado, su jornada se extendía en un constante deambular demostrando cariño hacia todos aquellos que se le acercaban.
En los últimos días, cuando empezó a evidenciar problemas de salud, la decisión no se hizo esperar y fue llevado a una clínica veterinaria donde quedó internado y pese a los esfuerzos por recuperarlo, ayer, su corazón cansado dejó de latir.
Si bien todos estamos consternados por su partida, estamos seguros que como el célebre film "Todos los perros van al cielo", Alfredo debe estar retozando en el cielo de los perros.