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Ayer, hoy… ¿Y siempre?

Varios años atrás, una triste personalidad de la aborrecida

época que pretendemos recordar, fue la fugaz y desgraciada

existencia del tercer Reich con Adol­fo Hitler a la cabeza en la Alemania nazi, uno de sus esbirros, el

Mariscal del aire, Hermann Goering, dejó para la posteridad, (entre las millones

de muertes que se le pueden achacar a aquel nefasto régimen criminal), una

reflexión que expresa lo siguiente: “Naturalmente

al pueblo no le gusta la guerra... pero después de todo son los líderes

quienes determinan la política de un país, y siempre es un asunto simple arrastrar a la gente con uno, ya se trate de

una democracia, de una dictadura fascista, comunista o parlamentaria.

De una u otra manera, el pueblo puede ser persuadido. Esto es fácil. Todo lo

que hay que hacer es decirle que ellos están siendo atacados y denunciar a los

pacifistas como faltos de patriotismo

porque quieren exponer su país al peligro. Da resultados en todas las naciones".

Esta consideración

del militar nazi, tiene como mínimo 70 años, dado

que Goering se quitó la vida antes del juicio de Nuremberg en 1945-46, y a pesar del tiempo transcurrido aún podemos

asegurar que este refrán mantiene vigencia corporativa. En realidad pareciera

ser muy efectiva, pues, si seguimos los avatares de una reciente

historia humana, nos daremos cuenta que siguen ocurriendo

casos en que " la ley de Goering" mantiene plena vigencia.

No es necesario ser Druida ni experto en relaciones internacionales para darnos cuenta, como el

mundo, de "arriba" usa este efectivo subterfugio a fin de sugestionar

y embaucar a las masas, a través de la falsa información , el discurso fraudulento y engañoso, y la posterior ley (o no) despótica

y absolutista, que nunca favorece a

las mayorías desprotegidas.

Afirma categóricamente, como cosa

sencilla, el conducir a la gente por el camino que se

quiere desde cualquier forma de gobierno, y remata el apotegma como evidencia

afirmativa que el sistema da resultado en cualquier país.

Esta total seguridad, sumada a las realidades

del Planeta, deja entrever que no perdió vigencia alguna esta

execrable fórmula, cuando debiéramos erradicar definitivamente estas políticas

retrógradas y asesinas.

Hasta aquí hemos examinado la parte

direccional y conductiva del dicho, pero pareciera que este procedimiento va tomando forma en la

población civil, toda vez que ve­mos incrementado el crimen a nivel mundial,

donde homicidios y despojos son cometidos en forma totalmente irracional y a

mansalva, sin escrúpulos ni mira­mientos.

Indudablemente que nuestras sociedades van

tomando un camino totalmente equivocado, sin el respeto debido a todo semejante

y menos aún,

hacia quienes no comparten ideales análogos,

sea en economía, deporte, política etc. Sin embargo somos seres totalmente

autónomos, independientes y librepensadores por cósmica ley de individualidad.

De allí que debemos cuidar que estas acciones

hechas de violencias y dictatoriales propósitos tiránicos no proliferen, caso contrario, nos veremos envueltos en evidencias que con seguridad,

no nos permitirán una pacífica convivencia

corporativa y sentimental, y tarde nos daremos cuenta de la realidad, cuando ya nos golpeen las consecuencias de esos

desviados y criminales decretos, que nos trasladarán a un pretérito que todos

quisiéramos olvidar.

Autor: Antonio Fassi

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