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Arte en las calles: murales que hablan

El Programa Artentapiales trabaja con el propósito de mejorar la calidad del espacio público en Rafaela. “A una población que habita en un espacio urbano estético le cambia la mirada, el estado de ánimo, la forma de discutir con el vecino. En la medida en que nosotros vayamos construyendo un espacio agradable, cambia la forma de comunicarnos” describía en una entrevista con LA OPINION el profesor Daniel Zurbriggen, Director del Liceo Municipal “Miguel Flores”.
El Programa, que se encuentra a cargo de las Secretarías de Servicios, Espacios Públicos y Medio Ambiente, y de Educación y Cultura de la Municipalidad de Rafaela, intenta impactar sobre el espacio urbano, como espacio estético, como nuevo escenario educativo. A la vez que, potenciar estos espacios incrementa la posibilidad de los jóvenes de acceder a bienes culturales en un proceso dinámico y armónico.

APROPIARSE
DE LA CIUDAD

Cuando la profesora Marta Engler llega a la Secretaría de Servicios, Espacios Públicos y Medio Ambiente de la Municipalidad se plantea cómo lograr una actitud más respetuosa con el espacio público. Al principio pensó en acomodar lugar por lugar (monumentos, canteros, etc.) y permanecer atentos. Pero optimista y “convencida de que la peor batalla es la que no se da, pensé cuánto más me podría ayudar la gente a lograrlo en forma creativa, económica y decisiva”. Y la iniciativa que rápidamente enganchó a la gente fue “sorprender la mirada del caminante con tapiales intervenidos por artistas populares que convierten horizontes de su ciudad en obras donde la expresión individual o colectiva deje huellas”.
Engler fue la encargada de buscar la adhesión de los propietarios, invitar a artistas y ofrecerles los materiales de trabajo. Dos profesores del Liceo Municipal, Daniela Caneva y Luis Acosta, “se convirtieron en las locomotoras de la iniciativa”.

"AQUI TAMBIEN
PUDE PINTAR YO"

La Secretaria nos contó cómo la idea inicial fue el motor para construir una realidad: “La tarea fue estimulante: cuando los caminantes veían pintar se sumaban los curiosos, los vecinos, los amigos. Porque sentir que "aquí también pude pintar yo" es regocijante. Y el arte promovió el vínculo y sucedió que la obra en un tapial se convertía en una impensada reunión de doce o quince improvisados pintores participando y compartiendo el mate, la charla, el análisis de la tarea.
Así es que tenemos adolescentes y jóvenes que pintaron los primeros murales en Barranquitas; también vecinas adultas que pintaron en plazas (La Paz) o plazoletas (Magdalena Bruno); arquitectos que se animaron a los murales de grandes dimensiones (Ciudad de Gigantes); estudiantes de Bellas Artes que crearon diseños originales ligados a potentes ideas; alumnos de escuelas secundarias que probaron su creatividad con la forma y el color; chicos de barrio que intervinieron monumentos en las plazas (2 de Abril)... la enumeración no pretende ser exhaustiva. Sólo quiere probar que todos se sumaron a dibujar y pintar su ciudad voluntaria, espontáneamente.
Y la ciudad, despacito, va queriendo ser una "ciudad con murales". Los dibujos y las pinturas le añaden personalidad.

Autor: María Florencia Forni

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