Si bien Delacroix había recibido, como la mayor parte de los jóvenes franceses que en esos años se dedicaban a la pintura, una formación completamente tradicional, en realidad debe ser considerado como el alumno y continuador de Géricault.
En el mismo año (1824) en el que muere el primer gran genio de la pintura románica, el joven Delacroix expone en el Salón Las Matanzas de Quios, que demuestra claramente cómo la enseñanza de Géricault había sobrevivido. Ya la Barca de Dante, de 1822, había ofrecido la primera revelación de las singulares cualidades de este joven artista que unía a una vasta cultura humanista una prodigiosa habilidad técnica y una ardiente fantasía; con la obra posterior, Las Matanzas de Quios, provoca en torno a el un súbito ascenso del interés y un fanático entusiasmo.
Delacroix en abierta polémica con Ingres, que en esos mismos años recogía triunfos en el ambiente parisiense, exalta la dramática violencia del color empleando contrastes vivos y netos y sabe dar a la composición un ritmo muy vivaz, elementos que la cultura clasista había descuidado completamente.
Las imágenes de la fantasía y las agitaciones del espíritu de este auténtico genio romántico son los verdaderos protagonistas de sus animadas escenas, en las cuales cada tanto trataba temas de origen literario o de historias modernas.
Si para los neoclásicos y los puristas las fuentes de inspiración eran las obras de la antigüedad, Rafael y los primitivos Italianos, para el pintor francés los grandes modelos dignos de imitarse son los venecianos del siglo XVI -sobre todo Ticiano- y Rubens. Pero también influyeron en el arte de Delacroix sugestiones más cercanas en el tiempo, por ejemplo la nueva pintura paisajista inglesa, descubierta en Francia con la exposición de 1824, que le enseña a pintar los fondos de sus cuadros con fina sensibilidad para los valores de la luz y la vibración de la atmósfera.
Después de un periodo de viajes a Inglaterra y España, Maruecos y Argelia, Delacroix se establece definitivamente en París, donde desarrolla una actividad intensa y múltiple. Pinta obras para particulares, frecuentemente inspiradas en recuerdo de sus viajes, y cumple encargos oficiales, como las vastas decoraciones murales del palacio del Luxemburgo, de la Municipalidad de París, la galería de Apolo en el Louvre, y otros más. Una de las obras más exitosa fue la Libertad.