La época que va desde los emperadores Antonio (siglo II d.C.) hasta los siglos IV y V, es un periodo riquísimo y espléndido para la arquitectura de la capital y de las mayores ciudades del imperio. La planta circular, según el tipo de la Panteón, es aplicada a un gran número de ediciones, con variaciones y disposiciones técnicas que tienden más y más a romper la rígida continuidad del muro perimetral, insertándole, pórticos y pasillos. La pared mucho más delgada, va articulándose en huecos independientes, aunque todos los elementos se equilibran con relación a un solo punto central. La iluminación también se adapta a esta estructura más compleja, y ya no proviene más de una única fuerte luminosa (como en el Panteón), sino de ventanas que se abren en las paredes de los nichos o en el tambor de la cúpula. La arquitectura de la Urbe no es suficiente para documentar la evolución del gusto de ese momento, es necesario recordar, los edificios surgidos en las provincias del Imperio, como los de Heliópolis (hoy Baalbeck) en Siria; Tréveris, en la Galia Oriental (hoy Renania); Lepris Magna, en Africa, y en las espléndidas construcciones erigidas por voluntad de Diocleciano en su ciudad natal: Salano (hoy Spalato); contemporáneamente, surgen en Roma: el palacio de Septimio Severo, sobre el Palatino, las inmensas Termas de Caracala y las de Diocleciano, en la que los espacios cubiertos por bóvedas parecen dilatarse en formas tan complejas y contrastadas que sorprenden aún en su estado mismo actual; y finalmente, en Arco de Constantino y la basílica de Majencio.
Arte romano: Arco de Septimio Severo, en Roma (203 d.C.).
El Arco de Septimio Severo fue erigido para celebrar las victorias obtenidas por este emperador, junto con sus hijos Caracala y Geta, en las regiones de Oriente. El monumento, de tres pasos abovedados, tiene 23 metros de alto. Realce especial, presentan las columnas, que se destacan en el fondo, y el ático, ocupado por una larga inscripción.