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Arquitectos, los profesionales que imaginan las ciudades antes de que existan

El velódromo, con un avance de obra del 90%, forma parte del plan de infraestructura urbana ligada a los Juegos Suramericanos que transforma el oeste rafaelino.
Crédito: FOTO PRENSA MUNICIPAL

Hay profesiones cuyos resultados permanecen ocultos detrás de una computadora o un escritorio. La arquitectura pertenece al grupo exactamente opuesto. Su trabajo queda expuesto durante décadas, e incluso siglos, frente a millones de personas.

Las ciudades cuentan su historia a través de sus edificios. Cada época deja una huella visible. Basta caminar unas pocas cuadras para descubrir el paso del tiempo en las fachadas, las plazas, los bulevares, las viviendas, los comercios, las industrias o los espacios públicos.

Por eso, cada 1° de julio, cuando en la Argentina se celebra el Día del Arquitecto, también resulta oportuno reflexionar sobre una profesión que influye mucho más de lo que suele advertirse en la vida cotidiana.

La arquitectura no consiste únicamente en diseñar construcciones estéticamente atractivas. Es la disciplina encargada de pensar cómo habitamos los espacios. Combina creatividad, técnica, ingeniería, urbanismo, historia, sustentabilidad, legislación y una enorme capacidad para interpretar las necesidades humanas.

Cada obra comienza mucho antes de colocar el primer ladrillo. Empieza con una pregunta sencilla. ¿Cómo queremos vivir?

 

Mucho más que construir

Los arquitectos intervienen en prácticamente todas las escalas posibles. Pueden proyectar la remodelación de una cocina, el diseño de una vivienda familiar, un edificio de departamentos, una planta industrial, un hospital, un complejo educativo o un parque público.

Pero también participan en decisiones mucho más amplias, vinculadas con el crecimiento ordenado de las ciudades, que incluye la discusión en torno a los reglamentos de edificación.

Dónde abrir una avenida. Cómo preservar edificios históricos. De qué manera integrar nuevos barrios. Qué espacios reservar para actividades recreativas. Cómo mejorar la movilidad. Dónde incorporar áreas verdes. Cómo hacer que una ciudad sea más accesible, sustentable y preparada para enfrentar los desafíos climáticos y demográficos.

En definitiva, la arquitectura organiza el escenario donde transcurre la vida de toda una comunidad.

 

Las ciudades hablan de su tiempo

Existe un ejercicio sencillo que permite comprender la importancia de esta profesión. Basta observar fotografías antiguas de cualquier ciudad argentina. Los edificios bajos dieron paso a las torres. Las calles de tierra fueron reemplazadas por avenidas pavimentadas. Aparecieron nuevas plazas, paseos peatonales, ciclovías, centros comerciales y espacios recreativos.

Cada transformación urbana refleja una manera distinta de entender la sociedad. Durante décadas predominó una arquitectura funcional, enfocada exclusivamente en resolver necesidades básicas.

Hoy los proyectos incorporan nuevos conceptos. Se habla de accesibilidad, eficiencia energética, movilidad sustentable, integración social, patrimonio histórico, espacios verdes, calidad ambiental y ciudades inteligentes.

La arquitectura ya no sólo responde al presente. También intenta anticipar el futuro.

 

Una profesión que piensa el largo plazo

Quizás uno de los mayores desafíos de la arquitectura moderna sea precisamente ese. Pensar en décadas. Mientras muchas decisiones públicas suelen medirse en función de un mandato de gobierno, una obra urbana importante puede modificar la vida de una ciudad durante medio siglo o más.

Por eso los especialistas insisten cada vez con mayor frecuencia en la necesidad de planificar. No alcanza con ejecutar obras. También resulta indispensable definir hacia dónde quiere crecer una comunidad.

 

Los arquitectos Gerardo Caballero y Carlos Airaudo Saavedra en las recientes jornadas sobre planificación urbana en el Centro Comercial e Industrial.

Esa discusión volvió a instalarse recientemente en Rafaela durante las jornadas "Ciudad, desarrollo y calidad de vida", impulsadas por el Centro Comercial e Industrial de Rafaela y la Región, el Colegio de Arquitectura y Urbanismo Distrito 5 y ACDICAR.

Uno de sus principales impulsores, el arquitecto Carlos Airaudo Saavedra, planteó la necesidad de recuperar una mirada estratégica sobre el desarrollo urbano, fortalecer la articulación entre el sector público y el privado y construir proyectos capaces de trascender los cambios de gobierno. También remarcó que una ciudad debe pensarse escuchando a sus vecinos y no únicamente desde los escritorios técnicos.

 

El Colegio que reúne a los arquitectos de la región

En Rafaela, buena parte de esa tarea profesional encuentra representación institucional en el Colegio de Arquitectura y Urbanismo Distrito 5, con sede sobre calle 9 de Julio.

Desde allí se desarrollan actividades de capacitación permanente, asesoramiento técnico, promoción profesional y numerosas iniciativas vinculadas con la preservación del patrimonio arquitectónico y urbano de la región.

La institución también impulsa espacios de reflexión sobre el futuro de las ciudades, fomenta el intercambio entre profesionales y participa de distintos debates relacionados con el desarrollo territorial. Entre sus iniciativas se destacan acciones destinadas a valorar el patrimonio arquitectónico local y promover una mayor conciencia sobre la identidad urbana.

 

Rafaela vive un momento de transformación

Hablar hoy de arquitectura en Rafaela no significa hacerlo únicamente desde la teoría. La ciudad atraviesa una etapa de profundas intervenciones urbanas que modificarán su imagen durante los próximos años.

La remodelación integral de la Plaza 25 de Mayo representa probablemente el cambio más simbólico. El principal espacio público de la ciudad está siendo renovado para responder a nuevas formas de encuentro, recreación y convivencia.

 

El recambio de veredas, una obra que esperó más de 15 años, renueva sustancialmente la estética del bulevar Santa Fe.

A pocos metros, el histórico bulevar Santa Fe experimenta un importante recambio de veredas que busca mejorar la accesibilidad y actualizar una de las postales tradicionales del centro rafaelino.

Otro caso emblemático es la transformación de la antigua Terminal de Ómnibus en un moderno Complejo Cultural del Viejo Mercado que abraza los distintos organismos municipales en su enorme estructura, desde el Museo "Urbano Poggi" hasta el Liceo "Miguel Flores" y la Biblioteca "Lermo Balbi", entre otros.

El predio donde por décadas funcionarios los Grandes Almacenes Ripamonti, en la esquina de 9 de Julio y Belgrano, refleja desde hace meses algo de movimiento. Es que luego de años de escasa intervención comenzaron nuevas obras destinadas a revitalizar un sector estratégico para el encuentro, la actividad cultural y comunitaria.

 

Los Juegos Suramericanos como motor urbano

Sin embargo, el mayor impacto probablemente se concentre en el oeste de la ciudad. La realización de los Juegos Suramericanos, en septiembre próximo, convirtió a Rafaela en escenario de una inversión pública inédita en infraestructura deportiva y urbana. Allí avanzan obras que modificarán por completo ese sector.

Entre ellas sobresalen el nuevo Microestadio Distrito Joven, el velódromo cubierto, la villa olímpica, nuevas ciclovías, la pavimentación de avenidas estratégicas como Podio y Salva, mejoras en iluminación, infraestructura vial y distintos trabajos complementarios que cambiarán la conectividad y el perfil urbano del área.

Más allá del acontecimiento deportivo, muchas de esas obras permanecerán durante décadas al servicio de los vecinos. Esa es, precisamente, una de las principales virtudes de la arquitectura y el urbanismo. Las grandes intervenciones siempre trascienden el momento para el cual fueron concebidas.

 

Construir identidad

Las ciudades más admiradas del mundo no se distinguen solamente por sus monumentos. Se destacan porque lograron construir una identidad.

París es reconocible por sus bulevares.

Barcelona por sus espacios públicos.

Curitiba por su planificación urbana.

Medellín por integrar arquitectura e inclusión social.

Cada una encontró una manera de expresar su personalidad a través del espacio construido.

Rafaela también posee rasgos propios. Su tradición industrial, el desarrollo cooperativo, la fuerte presencia institucional y una historia marcada por el trabajo le dieron una identidad urbana particular. La arquitectura tiene hoy la oportunidad de acompañar una nueva etapa de esa evolución.

 

Mucho más que edificios

Cuando una familia decide ampliar su casa, cuando una empresa proyecta una nueva planta industrial o cuando un municipio imagina una plaza para las próximas generaciones, detrás de todas esas decisiones aparece el trabajo de un arquitecto.

No sólo diseña paredes. Piensa recorridos. Imagina encuentros. Resuelve problemas. Equilibra funcionalidad con belleza. Y proyecta escenarios donde transcurrirá buena parte de la vida de las personas.

Quizás por eso la arquitectura sea una de las pocas profesiones capaces de sobrevivir a sus propios autores. Muchos edificios permanecen en pie durante cien años.

Las ciudades, en cambio, nunca terminan de construirse. Cada generación les agrega una nueva página. Y detrás de cada una de esas transformaciones siempre hay alguien que, mucho antes de que la obra exista, fue capaz de imaginarla.

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