"El amor llega después del casamiento". Lo dice un antiguo proverbio japonés. Y es lo que repetían nuestras bisabuelas a sus hijas a punto de casarse.
No es que suene muy romántico, pero nadie podrá negarle su parte de verdad. El amor verdadero llega con el tiempo; antes o durante el matrimonio, según los casos. Lo primero puede llamarse enamoramiento, fascinación, atracción. Lástima que tantos -y tantas- confunden tontamente una cosa con la otra.
Es más: el verdadero amor matrimonial pertenece más a la esfera de la voluntad que del corazón. Esto les permite a los esposos amarse aun cuando puedan no sentirse enamorados. Una página de Scot Peck nos ayuda a comprenderlo:
"El genuino amor implica dedicación y ejercicio de sabiduría. Cuando estamos interesados en promover el crecimiento espiritual de alguien sabemos que una falta de dedicación puede resultar dañosa.
En un matrimonio constructivo, los participantes deben, de un modo rutinario y programado, prestarse atención uno al otro y prestar atención a su relación. Las parejas tarde o temprano siempre dejan de estar enamoradas y es en ese momento cuando comienza a surgir la oportunidad de un genuino amor. Su amor comienza a ser puesto a prueba y podrá establecerse si existe o no cuando los cónyuges ya no sientan la necesidad de estar siempre juntos, cuando pasan algún tiempo en otra parte.
El genuino amor es voluntario antes que emocional. La persona que realmente ama, ama a causa de una decisión de amar. Esa persona se ha comprometido a amar, experimente o no sentimientos amorosos. Por lo tanto debo elegir a la persona en quien concentre mi capacidad de amar, hacia quien dirija mi voluntad de amar. El verdadero amor no es sentimiento que nos sobrecoja. Es una decisión reflexiva, de dedicación".
No suele ser este el pensamiento de tantas personas dedicadas, por ejemplo, a la farándula. Lo habitual es que confundan enamoramiento con amor. Al casarse -o vivir "en pareja"-sienten que más pronto de lo pensado va desapareciendo la fascinación primera. De ahí a la separación queda sólo un paso. Y a un paso, la busca de otra experiencia nueva. Lástima que lástima.