(Por Enry Milesi, "BB"). - 19:30 del miércoles 5 de setiembre. Escasa media hora de mi regreso del Acto que con motivo del Día del Inmigrante, organizó la EET “N.Avellaneda” de Rafaela y con cierta tristeza aún aflorando a los ojos y apretando la garganta, me siento obligado a escribir ya esta nota, trasgrediendo la advertencia de no tomar decisiones bajo un fuerte estado emocional, porque la Escuela en pleno merece un reconocimiento público. Lamentablemente por razones de espacio y de la intención de este trabajo, debo obviar otras actividades perfectamente desarrolladas y circunscribirme a la representación de “Adiós, adiós Ludovica…” a la que fui especialmente invitado por mi gran amistad con su autor, Lermo Rafael Balbi. Asistí, y lo confieso, casi como un compromiso por la atención de las autoridades de la casa. Asistí a presenciar una tradicional velada escolar. Asistí dispuesto a tolerar con la mejor buena voluntad una representación por alumnos casi niños tan lejanos cronológica y culturalmente de aquella realidad campesina que el autor tan genialmente recreó hace más de treinta años. No sé si llamar sorpresa lo que sentí durante los primeros minutos, pero sí puedo calificar el resto de la representación como emoción hasta las lágrimas a partir de la escena de la despedida del joven Bernardo Racca, en una natural y muy buena actuación de Alejandro Grana, de Ludovica niña (Brenda Ponte) quien sólo con mímica logró lo propuesto. Entro en el reparto nombrando a Ludovica anciana, difíciles su rol, eje de la obra encarnado por Yaquelina Saccavino, a quien su apenas adolescencia no le impidió ser la suegra autoritaria sometiendo -sin exageraciones actorales- a nueras y nietos y trocar esa postura de “aquí mando” en ternura, ya próxima a la muerte. Eda (Milena Spinassi), Chun (Florencia Viñedo Rico), Clotilde (Cintia Astrada), Otilia (Lara García) y Fina (Natalia Trindade), las cinco nueras, todas muy naturales y de correcta actuación en sus diálogos y discusiones mientras realizaban tareas doméstica. Los dos nietos, Pedrín y Gabriel, muy bien actuados por Lucas Sasia y Franco Mondino, respectivamente, algo temerosos de la autoridad de la “nonna”, pero cariñosos, tristes ante la negativa de asistir al baile que trocan en una incontenida alegría cuando reciben inesperadamente el permiso ansiado; la Tía Italia (Camila Gonzalez) cumple perfectamente el breve rol asignado. El final, en una escena “congelada” con todos los protagonistas rodeando a Ludovica muerta, tiene un excelente y patético remate a cargo de una relatora (Betiana Fernández) quien con una perfecta dicción y tono de voz, sin dramatismo evidenciando que ella no es un personaje de la obra , cuenta en un apóstrofe al público la suerte final de la desmembrada familia de Ludovica y Bernardo Racca. Correctos sonido, luz, escenografía, vestuario y maquillaje a cargo de alumnos de 4º Año CAD. Y un merecido reconocimiento a las profesoras M. Alejandra Colsani y M. Eugenia Emmert directoras de la adaptación y realización de esta Ludovica. El aplauso del numeroso público fue caluroso y sincero. En primera fila aplaudiendo de pie, estábamos Teresita Tosco, la primera y gran Ludovica de treinta años atrás que tuvo sentidas palabras y felicitaciones para su joven sucesora; Ana María Aubagna, la primera Chun, quien sobreponiéndose a la emoción pudo cantar a capella el tema de la obra, y yo -que inocentemente creí que iba a ver una velada escolar- todos ahogados por una incontenible turbación frente a esta experiencia que logró transportarnos al mundo de los recuerdos, algunos muy gratos y otros tan tristes. ¡Gracias chicos por lo que nos dieron! Tengan la seguridad de que Lermo también los hubiera abrazado.