TENIA BRONQUIOS MUY SENSIBLES
-Esta noche voy a dormir- pensaba.
L.D., empleado de una metalúrgica, necesitaba descansar en serio. Las agobiantes jornadas, los turnos rotativos, el golpeteo incesante de las máquinas, que sigue resonando como un eco aunque la jornada haya terminado, le imponían un reposo. Pero había algo más. El vapor de las máquinas, el calor, mezclado con polvillo y partículas de aceite, le habían desencadenado un ataque de asma. En la noche anterior prácticamente no había dormido, y en esas condiciones tuvo que comenzar la jornada siguiente.
Cuando era pequeño, a la madre de L.D. le informaron que tenía hiperreactividad bronquial, que sus bronquios eran “muy sensibles”. Eso motivó internaciones repetidas, medicación crónica y una actitud de respeto excesivo, o directamente, miedo hacia la temporada invernal. Ya mayor, estaba casi habituado a los dos o tres ataques de broncoespasmo cuando hacía frío. Pero esta vez había llegado al límite. La necesidad imperiosa de trabajar, para mantener a su pequeño hijo y a su esposa, lo obligaba a conservar su ocupación insalubre.
-Esta noche voy a dormir-. L.D. se aplicó doble dosis de su aerosol inhalatorio con salbutamol, para dilatar los bronquios. Su esposa contó que, entre sueños, lo vio levantarse más de una vez para aplicarse la misma terapia y luego, en la madrugada se despertó cuando lo vio vomitar. L.D. no pudo ir a trabajar.
Esa mañana su mujer tuvo que ausentarse para realizar una labor de limpieza semanal. Cuando regresó, L.D. aún estaba en la cama, con fiebre. En el balde que tenía en la proximidad se observaba que había persistido con vómito. Pero eso no era lo más grave.
-¿Cómo anduviste papi?¿querés comer algo?, ¿te preparo una sopa?- le preguntó al entrar. L.D. no contestó, ni lo hizo cuando ella lo sacudió, lo pellizcó, le gritó. Su mirada estaba perdida, sus ojos vagaban sin sentido, su cuerpo desvanecido, casi inerte, podía moverse hacia todos lados sin que él opusiera resistencia. Su cónyuge, alarmada, llamó al hospital por una ambulancia.
En la guardia:
-¿Es epiléptico, toma alguna medicación por algo?
-No, nada de eso, lo único que usa es el aerosol para dilatar los bronquios, porque es asmático desde chico.
-¿Tuvo algún golpe?, ¿estuvo enfermo de otitis recientemente?
-No doctor, estuvo vomitando anoche, una o dos veces. Cuando nos acostamos estaba bien, y hoy cuando regresé de trabajar lo encontré así.
Había que actuar rápido. En la posibilidad de que se tratara de una meningitis, por los vómitos, la fiebre y el trastorno de conciencia, se le realizó una punción lumbar. Con este procedimiento se extrae líquido cefalorraquídeo del sistema nervioso. Su estudio puede definir el diagnóstico. Se solicitó además una rutina de laboratorio. El paciente quedó internado, con reposición endovenosa de agua y minerales por su evidente deshidratación.
Dos horas después, L.D. estaba mucho mejor. Su estado de conciencia era casi normal y respondía preguntas sencillas, aunque refería estar muy débil, como si estuviera muy cansado. En el laboratorio informaron que el líquido cefalorraquídeo era normal (lo cual descartaba la meningitis) y también cifras anormalmente bajas de potasio, lo que era la explicación de sus trastornos.
La asociación de sus episodios de vómito con el abuso del aerosol habían producido una hipokalemia (cifras bajas de potasio en sangre), la cual genera una disfunción muscular generalizada y en ciertos casos, arritmias cardíacas graves. Fue dado de alta sin secuelas 24 horas más tarde.
Textual
En la provincia de la mente, lo que uno cree que es verdad, es verdad o llega a serlo. John Lilly.