Según el diario italiano Il Messaggero, se encontraron 2.000 bombas y hay indicios de que podrían hallar más dispositivos como granadas, morteros y miles de municiones de guerra que todavía funcionan.
El arsenal fue encontrado en el lago Albano, que bordea al parque del palacio del Sumo Pontífice. Con el paso de los años, el nivel del agua disminuyó y sacó a la luz numerosos artefactos que, según historiadores, datan de 1944 cuando las tropas nazis se vieron obligadas a huir de la región por los bombardeos aliados.
La operación para recuperar las bombas está financiada por las autoridades de la región de Lazio y se estima en 170.000 euros. La residencia apostólica de Castel Gandolfo se ubica a una treintena de kilómetros al sur de Roma. En marzo pasado el palacio se convirtió en el único lugar en la historia donde se reunieron dos papas, Benedicto XVI y Francisco.
POLEMICA DE UN CURA
En privado, dijo que los niños “deben distinguir una hostia de un pedazo de pan”. Cuando el caso se mediatizó lo negó. Pero una madre lo grabó con un teléfono celular y lo denunció ante el INADI, según infobae.com.
La grabación es clara: el sacerdote Diego Kessler, párroco de Nuestra Señora del Carmen de la localidad bonaerense de Coronel Suárez, le dice a la madre de una nena con síndrome de Down: “Para que reciba la comunión hay que evaluar si puede diferenciar una hostia de un pan. Es lo mínimo que se pide”.
Sin embargo, ante una radio de Bahía Blanca, el cura cambia la versión: “Fue un malentendido. Por ahí me expresé de manera desafortunada”.