Ceschi

Sociales 14 de enero Por
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NOVELAS
¡Buen día! Confieso que en mi juventud fui un lector apasionado de novelas. Debo confesar también que el ritmo de la vida cotidiana me ha ido alejando del placer tan especial de hacerme tiempo dedicado a ese tipo de lecturas. Tal vez cuando haya sumado aún más años a la vida pueda retomar aquella buena y reconfortante costumbre.
Mientras tanto, quisiera contribuir a que otros -sobre todo jóvenes- se den el gusto de asomarse a viejas y nuevas creaciones literarias, que sirven para entretener, pero también para entender la vida y aprender a vivirla. Decía al respecto la escritora norteamericana Susan Sontag: "Este es su verdadero propósito. No comprendería lo que comprendo de no ser por ciertos libros. Pienso en una de las grandes preguntas de la literatura rusa del siglo XIX: ¿cómo se debe vivir? Una novela que valga la pena ser leída es una educación del corazón. Expande la sensación de las posibilidades del hombre, de lo que es su naturaleza, de lo que ocurre en el mundo. Es, sobre todo, creadora de interioridad".
A partir del texto anterior, Guillermo Jaim Etcheverry comenta: "Las ficciones nos dejan en la memoria imágenes inolvidables que perduran porque están incorporadas a nuestra propia experiencia. Vivimos también gracias a los libros que hemos leído porque la vida no es sólo lo que nos ocurre cada día, sino lo que vemos que les ocurre a los otros. El enorme poder de la imaginación es nada menos que producir crecimiento en todas las posibles dimensiones del alma, representar al mundo descifrándolo en todo su terror y su belleza. Por eso, la novela seguirá ocupando un lugar central en la vida de las personas" .
"Escapando a la banalidad cotidiana mediante la lectura -apunta igualmente Etcheverry- es posible advertir que hay muy diferentes posibilidades de ser y de vivir. A través de la novela podemos ingresar en el mundo imaginativo de los grandes escritores en toda su originalidad, complejidad y resonancia".
La lectura de buenas novelas nos permite además un nivel de imaginación muy superior a cuanto puedan ofrecernos los medios electrónicos de difusión masiva.

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