La Noticia Comentada

Locales 11/07/2015
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Actitud histórica 

En el mismo día el arzobispo de Tucumán y el Papa Francisco tuvieron expresiones muy distintas, no sólo en cuanto a la materia sobre las que versaron, sino especialmente sobre sus formas y con el sentimiento con que fueron expuestas. En el caso de monseñor Alfredo Zecca, en el Tedeum oficiado en la catedral tucumana al celebrarse un nuevo aniversario de la declaración de nuestra Independencia Nacional, se refirió al aborto y a la fertilización asistida, exponiendo la doctrina de la Iglesia sobre esos temas, aunque resultó extraña la omisión de toda referencia al reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia avalando los que muchos consideran una eutanasia disfrazada. Es comprensible en un prelado que defienda sus principios religiosos, pero resulta discutible que lo haga con un lenguaje severo, casi agresivo, como -por ejemplo- cuando habla de "leyes de dudosa legitimidad" o insinúa una persecución a los cristianos, casi similar a la sufrida en los albores de la Iglesia, que generó tantos mártires.
El Papa, en cambio, habló con su acostumbrado estilo: frases sencillas, fuertes convicciones expresadas sin jactancia ni agresividad, una sinceridad que sus oyentes perciben o intuyen como auténtica... por algo tanto católicos como no católicos, acogen sus palabras de buen grado y con espontaneidad. Tuvo expresiones que "pintan" con realismo situaciones que si bien se dan en el mundo actual, cobran especial vigencia en nuestro país, aunque nunca merecieron una referencia o reflexión de nuestra Conferencia Episcopal Argentina (CEA): "La concentración monopólica de los medios de comunicación social... es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo". 
En estos tiempos preelectorales que vivimos, para quienes -de llegar al poder- se proponen ejecutar políticas de ajuste (aunque a éste se lo pretenda encubrir con eufemismos), resulta necesaria y oportuna esta afirmación de Francisco: "La globalización de la esperanza, que nace de los pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir a esta globalización de la exclusión y la indiferencia".
En la reunión con representantes de organizaciones populares realizada en Bolivia, el Papa tuvo un gesto que es realmente histórico; una actitud que recién ahora (con varios siglos de "demora") la Iglesia asume con honestidad y valentía: el Obispo de Roma (como Francisco suele y gusta llamarse) pidió "humildemente perdón por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América". ¿Qué pensarán de este gesto de nuestra Iglesia, los dirigentes políticos que pública y reiteradamente se han pronunciado en favor de la "deportación" de nuestros hermanos chilenos, bolivianos y paraguayos? ¿Qué dirán esos católicos "de misa dominical" que no toleran a "los negros"?
Chau, hasta el sábado


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