Rosario terminó 2013 con otro récord de asesinatos

Policiales 12 de enero Por
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Algunos hablan de la ciudad narco y denuncian la connivencia de la Policía con el crimen organizado. Otros marcan la existencia de dos ciudades, en referencia a los contrastes entre el crecimiento económico y la exclusión social. Estas y otras interpretaciones están sobre la mesa ante el dramático aumento de crímenes que viene sufriendo Rosario. Sólo el último día del año, en distintos episodios mataron a cuatro personas en apenas 24 horas, incluyendo un nuevo caso vinculado a las disputas por el negocio de la droga.

261 CRIMENES
Así, en total durante 2013 se cometieron 261 asesinatos, una cifra que representa un incremento de más del 42% con respecto al año anterior. La tasa anual de homicidios se duplicó en los últimos cuatro años y llegó a las 22 muertes cada 100.000 habitantes. Esto equivale al cuádruple de la tasa promedio del país (5,5 cada 100.000), al doble de la que tienen ciudades como San Pablo o México y el mismo nivel que Bogotá. De acuerdo a los parámetros de la Organización Mundial de la Salud, las calles rosarinas viven una epidemia de asesinatos (el límite es la tasa de 10 cada 100.000).
El fenómeno tiene diversas causas, aunque ninguna tiene tanta repercusión como el crecimiento del narcotráfico. Pero a pesar de la visibilidad que tienen los episodios de ese tipo, el Ministerio de Seguridad de Santa Fe afirma que sólo el 18% de los casos se enmarca dentro de esa descripción.

VISION
ACADEMICA
 
Enrique Font, profesor de Criminología de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), relativiza la idea de un vínculo directo entre el aumento de la narcocriminalidad y el de los homicidios. Pero asegura que esta situación se produce en la ciudad “porque los mercados no están consolidados” (sic). Para el investigador, esto obedece a las disputas internas de una Policía que “está dedicada a gestionar el delito, no a prevenirlo o a controlarlo”.
Tras haberse desempeñado como secretario de Seguridad Comunitaria de Santa Fe entre 2009 y 2011, durante la administración de Hermes Binner, Font sostiene que el Estado provincial es responsable de uno de los problemas centrales al no impulsar una reforma de las fuerzas de seguridad. No obstante, admite que esta situación también existe en otras provincias.
Los datos relevados por el matutino Clarín reflejan que menos del 5% de los asesinatos cometidos este año se produjeron en el centro de Rosario. Los números se elevan al examinar la situación de barrios de sectores populares como Empalme Graneros, Las Flores, San Francisquito, Ludueña o Alvear. Estas zonas se ubican entre los distritos oeste y sudoeste, que agrupan cerca del 40 por ciento de los homicidios ocurridos en 2013.
El 78% de los asesinatos se produjo mediante el uso de armas de fuego. Sin embargo, el dato más contundente que surge del análisis estadístico es que prácticamente dos de cada tres víctimas (64 por ciento) son hombres jóvenes: menores a los 35 años.
Mientras el gobernador Antonio Bonfatti –cuya casa, en el norte de Rosario, fue baleada por encapuchados en un episodio aún no esclarecido ocurrido el 11 de octubre– apunta a un incremento en los casos ligados a “cuestiones interpersonales”, Font prefiere hablar de “violencia horizontal”. Para el criminólogo, “el grueso del crecimiento de los delitos” tiene como víctimas y matadores a “jóvenes de sectores populares en situación de exclusión”, quienes “entran y salen de economías delictivas” como la de la droga o los robos en casas.
Además de los cuatro homicidios ocurridos en las últimas 24 horas de 2013, la ciudad ya venía conmocionada por el asesinato de Luis Medina (42) y su novia. Al hombre, señalado por la Policía como narcotraficante, le pegaron 25 tiros dentro de su lujoso Citroën DS3; a la chica, la modelo Justine Fuster (23), le dieron tres.
La jueza que investiga estos dos asesinatos, Alejandra Rodenas, destacó ante la radio local La Ocho que “están insertos en un escenario que en Rosario hace unos años no existía”. Y agregó: “Lamentablemente, al principio la narcocriminalidad parecía un fenómeno pasajero, pero llegó para quedarse.
Y la Justicia tiene muy pocos elementos a su alcance desde el punto de vista del auxilio policial. No porque la Policía no tenga buena voluntad para trabajar, pero no se trata de buena voluntad. Se trata de tener gente formada y de conocer de qué se tratan estos nuevos hechos”. (Fuente: Lucas Aranda - Clarín)

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