La indiferencia... un mal letal

Información General 30/06/2015
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Siempre decimos que la vida es una oportunidad que cada uno aprovecha o explota como mejor le parece y en muchas ocasiones la juventud nos marea, llega después de una niñez abandónica o llena de conflictos y no nos permitió valorar cosas imprescindibles, centrales y determinantes.
Cada persona nace de una familia que le va dejando marcas, huellas, que luego nos llevan a ser lo que somos, ni mejor ni peor… lo que somos. Lo que sería importante sería preguntarnos cada tanto…¿qué queda de aquellas huellas que nos llevaron a ser esto que somos, supimos ver, descubrir, comprender el sentido de lo que recibimos? Muchas veces los padres, transmitimos a nuestros hijos errores que se van repitiendo de generación en generación y cada vez más pronunciados, porque tal vez no nos detenemos a reflexionar o no nos interesa, porque nuestras vidas se van infectando de una enfermedad silenciosa, difícil de curar, que causa una ceguera temporal o definitiva y esa enfermedad es la indiferencia.
Cuando uno habla de indiferencia, no toma real conciencia de lo que ese vocablo encierra… encierra egoísmo, comodidad, ignorancia, descuido. ¿Por qué? Porque la indiferencia es como un parásito que va devastando todo hasta dejar una vida estéril y la persona lo advierte cuando se ha quedado vacía.
Qué es lo más grave de todo esto… que cuando uno, sólo se preocupa por poder tener las mejores cosas, por concurrir a los mejores lugares, por concretar viajes, por ganar más plata, se olvida que en el mundo no está solo y que muchas personas no tuvieron las mismas oportunidades y no por vagas sino por situaciones diversas y que compartir no está mal.
Se ha generado tanta polaridad en la gente, que se odia a todos los que no piensan igual y eso es terrible, ya que nos convierte en enemigos de amigos, vecinos, familiares. Muchos viven de subsidios y no hacen nada más y eso está muy mal, pero hay gente que cobra la ayuda universal y trabaja en dos o tres lugares porque no pudo construir otra vida. Los que manejan el poder han enseñado a odiar al que tiene recursos y eso es ridículo, ya que quien trabaja de sol a sol merece una vida digna. ¿Por qué el que luchó toda una vida por crecer profesionalmente, tiene que permitir que le saquen de sus ingresos sumas siderales de impuesto a las ganancias y no a los jueces y a los verdaderamente poderosos de este país?
Todo eso que detallo ha generado sociedades que cuidan su espacio y nada más, se han dejado envolver por la indiferencia sin conmoverse por situaciones que realmente merecen nuestra atención: personas que no pueden acceder a un sistema de salud que les permita vivir, jóvenes que se quieren casar y le es imposible pensar en construir su vivienda -el rico obvio que puede, a los pobres se las regalan y el de clase media ni un alquiler puede pagar-.
Se ha llegado a una situación tan crítica, que cada uno piensa en sí mismo y se ha dejado contaminar por un parásito imparable, el de la indiferencia que provoca que las personas se ignoren cuando de compartir se trata.
Le tememos al sida, al cáncer, a las enfermedades que surgen día tras día y no le tememos a la indiferencia, que es peor que todas ellas ya que nos transforma en seres insensibles, fríos, con ceguera e ignorancia espiritual severas.
Cuidado querida sociedad argentina, estamos en peligro de extinción, la indiferencia es una enfermedad letal que nos condena y nos quita la esperanza de crecer como seres humanos capaces de amar a todos sin distinción de clases, ni razas, ni pensamientos.

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