La cultura popular

Locales 11 de enero Por
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“La cultura siempre tiene que ver con el contexto social en el cual nos encontramos”. Esta expresión no la formuló una socióloga, sino una dirigente vecinalista de la Villa 21 ubicada en el barrio porteño de Barracas, y que es tal vez el mayor asentamiento de los existentes en la capital federal. Lorena Martínez -de ella se trata-, de 35 años y madre de cuatro niños, ganó holgadamente las elecciones que la consagraron como vicepresidenta de la junta vecinal de la citada Villa 21, y esta semana el portal de noticias infonews publicó un reportaje que muestra en la entrevistada una llamativa claridad conceptual y convicción en lo que cree y por lo que lucha.
Ese “contexto social en el cual nos encontramos” no es algo homogéneo; por el contrario, reconoce la coexistencia de sectores “clasificados” según los medios económicos de que disponga (en este caso, se va de la pobreza extrema a la abundancia escandalosa), o por la posición social que suele “adjudicársele” según la actividad que realice: obrero, empleado, profesional, empresario, hacendado, etc. En cambio, no creo que el nivel cultural sea un elemento “clasificador”. Más allá de que las posibilidades de acceso a la educación dependen de la posición socioeconómica que se tenga, ese nivel cultural se lo supone de hecho en ciertas clases sociales (aunque no lo tengan, o sea mínimo), y se le niega sin más a los sectores más bajos (lo que constituye un tremendo prejuicio).
El Concilio Vaticano II se ocupó de la cultura. En la Gaudium et Spen (1965), por ejemplo, reconoce como cultura “todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales... y hace más humana la vida social mediante el progreso de las costumbres e instituciones”. Recordé este párrafo cuando leí todo lo que motiva y realiza Lorena Martínez en la Villa 21, por sí o a través de la Casa de la Cultura, de los muchos talleres para el aprendizaje de distintas disciplinas, y el trabajo conjunto y solidario de instituciones sociales, parroquiales,etc., para motivar y encauzar a la juventud, y mejorar las condiciones de vida en ese asentamiento.
Cada clase social tiene sus propios intereses. Las “de arriba” los identifican correctamente y los custodian con astucia y decisión; en las clases medias en cambio, muchos suelen (sin saberlo, por supuesto) defender intereses que creen ser los suyos, cuando en realidad son de otros (y que se oponen a los propios). En la Villa 21 (tan denigrada, incluso por cierta prensa) eso no ocurre. Para Lorena Martínez la cultura “tiene que ver con la importancia que se le da a la identidad de cada uno, en cómo lo manifiestan y se sienten representados”. Toda una lección que brindan estos “villeros” que algunos (muchos, por desgracia) desprecian y subestiman... no sólo en Buenos Aires, también por estos pagos.
Chau, hasta el sábado.

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