Una infancia con la música*

La Palabra 06 de noviembre Por
por Lucía Ceresani - cantora (Buenos Aires)

Empecé de muy chica. La infancia fue siempre con las canciones de José Larralde, de Argentino Luna. De vacaciones, siempre cuento que tenemos una casa rodante, una Ford 350, que a ochenta kilómetros por hora nos recorríamos de norte a sur todo el país. Ibamos un mes sobre las rutas y escuchando siempre canciones y ahí aparecían los casetes -en ese momento- de Alfredo Zitarosa, de Alberto Merlo, de Suma Paz. Entonces uno va incorporando -sin querer de chico- de alguna manera es como que lo va haciendo parte de esa infancia. Después a los ocho años empecé aprender piano y me recibí de profesora a los dieciocho. Y a la par, cuando estaba en el secundario, mi mamá se daba cuenta de mi inclinación por las canciones, por cantar. El piano es un instrumento un poco difícil quizás para acompañarse uno cantando, así que me mandó a estudiar guitarra a la par, así que estudiaba las dos cosas. Y guitarra fue el complemento que me ayudó a desarrollar un poco lo que es cantar en las reuniones familiares, en los asados, en los ambientes de cumpleaños quizás que fueron los primeros escenarios que tuve.

Cuándo fue el momento de darme cuenta que podía ser profesional

Eso fue un poco más tarde. Empecé la facultad, a los dieciocho, diecinueve años más o menos, me presenté en algunos concursos y de ahí en más se dio la posibilidad. Uno de ellos, el premio era integrar el elenco de Cultura de Quilmes en ese momento así que tuve la suerte de ganar ese concurso y de ahí en más presentarme todos los fines de semana en diferentes lugares de la zona, diferentes sociedades de fomento, escuelas, y lugares donde nos iban convocando, tenía que presentarme y cantar el repertorio que hasta ese momento eran las canciones del primer disco: Tu vuelta, algunas huellas, algunos triunfos, que no era un repertorio conocido en ese momento, sobre todo en esos ámbitos, pero que la gente empezó a conocer de a poco, y el camino después se hizo un poco más fácil con los años. Como siempre digo, los primeros años son un poco difíciles, sobre todo con un repertorio que no es muy festivalero y que no invita a hacer palmas ni ese énfasis que ponen las canciones con ritmo, estos son más cadenciosos, quizás invitan más a escuchar, y cuando el artista también es nuevo, con canciones nuevas, los primeros años siempre son difíciles pero después se fueron dando con la llegada de un público diferente a través de algunos programas que me dieron la posibilidad en ese momento como Roberto Rimoldi Fraga en ATC con Sembrando conciencia, y allí las cosas ya fueron un poco más fáciles.

Una carrera universitaria a la par de esta actividad artística

Sí, mientras me presentaba los fines de semana en las actuaciones, estudiaba la carrera de contadora pública que llegué hasta el último año, me quedaron dos finales para recibirme pero están ahí esperando algún día. Aunque tampoco ejercería porque el camino se fue dando para este lado. Mi familia era de la idea que no se puede quizás vivir del arte y que lo haga como algo complementario, pero que también tenga el resguardo de una carrera hecha por si no se daban las cosas, como uno a veces no puede preverlo. Hoy por hoy me dedico de lleno a lo que es la actividad coral por un lado y las actuaciones de folklore por el otro.

El primer disco que siempre es un paso importante pero difícil de resolver

Lo de los concursos fue en el año ’96, ahí empecé a cantar en diferentes lugares y en el dos mil uno apareció la primera grabación que fue Huellas del sur, también fui invitada por Argentino Luna al Festival de Cosquín, y de ahí apareció la posibilidad de grabar el primer disco que fue en DBN. Ellos nos propusieron hacer esta primera grabación -antes hubo un demo con cinco canciones porque para ellos era algo nuevo, eran canciones que también eran difíciles comercialmente- entonces eso funcionó y así salió el primer trabajo discográfico y hasta el día de hoy seguimos en este sello que nos sigue dando la posibilidad de llegar a todo el país con la distribución.

Cómo llegué a los oídos de Argentino Luna

Pienso que fue a través de algunos de los programas. Nunca me lo dijo, simplemente nos llamó, consiguió el número de mi casa, éramos vecinos porque él estaba viviendo en Quilmes y nosotros de Berazategui así que estábamos muy cerquita. Se ve que me había escuchado en algún programa de televisión. Para el primer Cosquín hubo un lindo encuentro, estuvimos ensayando durante un mes lo que fue la presentación, entre asados, comidas y guitarreadas. Que para mí fue un antes y un después de la carrera porque a partir de ahí las cosas se hicieron más fáciles. Notaba la diferencia al presentarse en alguna actuación que había gente que ya nos conocía, nos acompañaba y nos seguía. Mantengo ese agradecimiento de la primera invitación por la generosidad del maestro. Y hay tantos cantores que no tienen esa posibilidad.

Mis referentes en el repertorio que canto

Pienso en los primeros años donde uno encuentra en estos referentes una parte primordial dentro de lo que es la interpretación que después uno puede hacer. En las primeras interpretaciones uno imita lo que le gusta, y ahí estaba la figura de Suma Paz que para mí fue la gran referente, o Nelly Omar, Amalia de la Vega, eran voces que me cautivaban muchísimo y empecé escuchando en los primeros años. Después uno trata de buscar la forma de interpretar algo más personal y de mostrar cosas propias dentro de la interpretación. Y en voces de hombre me preció increíble la de Alberto Merlo, por ejemplo, lo que transmitía la sencillez de sus obras. Hay muchos, algunos no son tan conocidos, o están posicionados pero alejados de la ciudad de Buenos Aires y se les dificulta lo que vienen haciendo como Mario Triviño Montiel de Mar del Plata que para mí es una de las voces muy importantes que tenemos hoy como referentes del canto surero, y muchos otros. Son personas que uno toma como modelo y después vamos aprendiendo de ellos y mostrado algo más personal también.

Qué me propuse cuando decidí encarar la carrera artística

Al principio no tenía un objetivo definido, tampoco fui en busca de nada, simplemente se fueron sucediendo las cosas, pienso de manera natural con las invitaciones que se fueron presentando. Lo que se fue dando esos primeros años, y que después hicieron  tomar las cosas con más responsabilidad, con más profesionalismo. Apareció la invitación a la conducción de un programa en Radio Nacional que hace tres años que estamos ahí. Hace unos años cuando uno se da cuenta del camino hecho, hay un compromiso importante y uno tiene además la responsabilidad de poder tener como objetivo el difundir -así como alguna vez nos han difundido en mi caso mi familia estas canciones- poder difundirlas a los que vienen detrás, a los más jóvenes que son quizás los que también es necesario que conozcan, no solo el repertorio de la provincia o de la región donde viven, sino de todas las regiones del país. Ahí está mi objetivo en el día de hoy. Difundir y dar a conocer este repertorio y después que cada uno elija lo que quiere, pero que puedan conocer no solo nuestra identidad sino  nuestro folklore, el tango, todo lo nuestro. Primero lo nuestro y después que puedan elegir lo que quieran desarrollar.

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Lucía Ceresani

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