Dios es la fuente de nuestra bendición

Información General 11 de enero Por
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Leemos en Jeremías 2:13 “Mi pueblo ha cometido un doble pecado: me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se hicieron sus propias cisternas, pozos rotos que no conservan el agua”.  
El error de muchos es el de no reconocer que la fuente de toda bendición es Dios. Ignoran o han olvidado que todo lo bueno que pueden tener o ser no proviene de ellos mismos, sino que de Dios. Pensemos por un momento todas las bendiciones de las cuales hoy estamos disfrutando. Sólo para señalar algunas: la vida, la familia, la inteligencia, tus capacidades, tus habilidades, la salud, tu trabajo o estudio, el alimento que comes cada día, tus bienes materiales y cuantas cosas más podríamos enumerar. Son cosas por las cuales cada día hemos de darle gracias a Dios por tenerlas.
¿Pero te has preguntado? ¿Porque Dios me ha dado la vida? ¿Porque Dios me ha dado inteligencia, capacidades y habilidades? ¿Porque Dios me ha dado salud? ¿Porque Dios me ha dado trabajo o estudio? ¿Porque Dios me da el alimento diario? ¿Porque Dios me ha dado posesiones materiales?
La respuesta es, porque El es bueno, porque simple y sencillamente quiere demostrarte que El te bendice independientemente a tus obras. El hace salir el sol para buenos y malos. El da oportunidades por igual. Si estuviéramos conscientes que todo lo que tenemos o somos, realmente nuestras actitudes para con Dios serían totalmente diferentes. Nuestra vida debería caracterizarse por tener: agradecimiento, alabanza continua, fe, consagración y servicio. Sin embargo la Palabra de Dios dice... Mi pueblo ha cometido dos pecados, en primer lugar, les increpa “Me abandonaron a mi fuente de agua de vida”. Dejar a Dios trae dolor y vergüenza: Jeremías 17:13 Señor, tú eres la esperanza de Israel. Todo el que te abandona quedará avergonzado. Todo el que se aleja de ti desaparecerá como un nombre escrito en el polvo, por abandonarte a ti, manantial de frescas aguas.
A nuestro alrededor vemos tristes ejemplos, matrimonios quebrados, proyectos truncados, personas atadas a vicios, presos de la droga, hundidos en el alcohol, llenos de dolor y fracaso. Lo más doloroso son aquellos que han visto el poder de Dios; se acercaron a Dios con el agua al cuello, desesperados. Dios restauró su matrimonio, sanó una enfermedad, les dio una casa, abrió puertas de trabajo, les permitió ver a sus hijos triunfar, pero su búsqueda de Dios les dura poco y luego que El les bendice, se olvidan de El para seguir haciendo la suya.
La segunda cosa que Dios le recrimina es que “Se cavaron para si sus propias cisternas, pozos rotos que no conservan el agua”. Pusieron en primer lugar cosas efímeras, placeres de este mundo, la vanagloria de la vida. Las salidas, el confort, los amigos...ocuparon el lugar de Dios. Cambiaron la confianza en Dios por autosuficiencia; desecharon la Palabra de Dios por la televisión; y muchos ejemplos más, donde el hombre refleja haberse olvidado de Dios.
Ante el espejo de esta palabra, la pregunta es, ¿Cómo está mi vida? ¿Podremos decir como el salmista? Todas mis fuentes están en ti Salmo 87:7. Él está diciendo, mi fuente de alegría está en ti; mi fuente de paz está en ti; mi fe está puesta sólo en ti; Tú eres la fuente de mi esperanza; mis proyectos se originan en hacer tu voluntad. A lo mejor deberás decirle a Dios, Señor perdóname por haber dejado tu fuente y haberme hecho otras cisternas. Jesús dice: Si alguien tiene sed, venga a mí, y el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura, del interior de aquél correrán ríos de agua viva. Juan 7:37b-38; el profeta Isaías concuerda con este pensamiento cuando dice, “Todos los que tengan sed, vengan a beber agua; los que no tengan dinero, vengan...Isaías 55:1ª.
Hay una sed interior que solo puede saciar Dios. Si un pez lo sacas del agua se muere, si una planta la arrancas de la tierra se seca. Así pasa con el hombre si lo sacas de la órbita de la comunión con su Creador, se seca y muere. ¿Cómo está tu relación con Dios? Hoy es un buen momento para volver a Dios. El Señor te bendiga.

El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.

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