UNA MIRADA SOBRE LA VIDA

Información General 11 de enero Por
Yo, a tu edad...
Los padres son necesarios para que su hijo pueda acceder a elecciones de objetos sexuales -es decir, elija a quién amar- por fuera de la familia y a nuevos objetos vocacionales, que la mayoría de las veces, no coinciden con los mandatos parentales...
Este movimiento que los jóvenes realizan con esfuerzo, llenos de promesas de vida y de expansión, no está exento de problemas y sufrimiento, y quizás sea el período más doloroso de la vida.
Tan intenso es también para sus padres, que reactivan y resignifican su propia adolescencia, muchas veces coincidiendo con su menopausia y envejecimiento, con lo cual se hunden en procesos psíquicos muy complejos.
Y deben -los padres- resignar sus propios deseos de inmortalidad y sus fantasías pigmaliónicas de modelar a sus hijos a su imagen y semejanza para ejercer sobre él un poder ilimitado. Deben estos padres también admitir la sexualidad floreciente de sus hijos y una potencialidad en sus proyectos, que contrasta con la de ellos, que ya está en franca declinación.
Por esto es que, es igualmente doloroso para los padres, porque apunta a los efectos del paso del tiempo y la prohibición definitiva de la reapropiación de los hijos.
Pero todo esto, enmarcado en la lógica de lo esperable, encuentra obstáculo cuando el padre del adolescente no resigna su propia adolescencia y como consecuencia, no puede ejercer su función paterna. El borramiento de la diferencia generacional no da lugar a la necesaria rivalidad edípica y en su lugar, se instala una trágica lucha fraterna y narcisista (quien puede más, quien es mejor). En el lugar de la confrontación esperable, aparecen la provocación, la evitación o la negación a la lógica brecha generacional, por lo cual, el resultado es tortuoso para el hijo, pues altera su proceso de acceso a la identidad.
En el mejor de los casos, y haciendo una generalización, el proceso es tal que se pasa del “...Tienes que ser como tu padre...”, para arribar a una solución integradora “Quiero ser yo, quizás, parecido a mi padre...”.

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