"Hay que echar a 2.000 policías atorrantes"

Policiales 07/07/2015
La frase fue expresada por José Spadaro, secretario de Análisis y Articulación de Procesos Interministeriales de nuestra Provincia. A dos días de la jornada en que realizó declaraciones a Rosario 12, continuan las repercusiones.
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FOTO INTERNET. SPADARO./ Dura crítica a determinados policías.

 

"No se puede seguir conduciendo erráticamente a la Policía, y hay que echar a los dos mil atorrantes que no ocupan su cargo desde hace más de tres años", dijo Spadaro en alusión a los que tienen carpeta médica, o agentes que no tienen condenas firmes y usufructan del pase a disponibilidad, cobrando buena parte del suedo.

Y agregó que “lo primero que se debe hacer es reconfigurar la Policía: de una Policía del Estado a una Policía de protección social. Esto significa que la Policía no debe estar como un apéndice o un instrumento del poder, dedicada a preservar el poder, ser la Policía de la represión sino para preservar la paz en la sociedad. Esto cambia completamente la matriz en la formación. Si se hace esto la Escuela de Policía debe volver a establecerse en los parámetros modernos, que tenga dos ejes principales de capacitación que es la criminología y la criminalística, que hoy no se estudia.

— ¿Por qué?

— Porque la reforma del año 2006, cuando se creó el Instituto de Seguridad Pública, pensó -porque en ese momento estaba en boga en el país- formar personas con matriz universitaria que le den un vuelo más cercano al humanismo, y de esa manera evitar el autoritarismo y la brutalidad policial. Quisieron introducirlos al mundo académico y no al mundo policial neto. Y esto fue una cosa a medias porque si solo tenemos egresados técnicos en seguridad, solo tenemos empleados. Y el policía es un funcionario a quien el estado les da las armas para cuidar la seguridad. Por eso queremos que estudien crimonología para que entiendan el delito y al delincuente, y criminalística para entender toda la tecnología para investigar el delito.

— ¿Los policías que egresaron en los últimos años, no estudian criminología ni criminalística?

— No. Primero porque ni siquiera terminan los tres años de estudio, ya que debido al gran problema de seguridad que hubo, obligó al gobierno a anticipar los egresos, por lo cual ni siquiera egresan como técnicos en seguridad sino como agentes de policía, con vistas a hacer después el segundo y tercer años.

— ¿Qué cambios necesita la Escuela de Policía?

— Hemos ido a la historia de Santa Fe. Esta es una gran provincia, una de las primeras que creo su Policía, cuando el problema de Artigas, esta provincia estuvo entre 1814 y 1818 virtualmente separada de lo que después fue al Confederación Argentina, y ahí apareció una guardia que después le dio vuelo el General López, y que comenzó a usar los colores de la bandera. Por eso queremos hacer el uniforme de los cadetes. Así le digo al aspirante a policía: ‘usted usa un uniforme honroso con los colores de la rovincia, con la manga del mayor numen que ha tenido la provincia, es decir el federalismo del General López. Así volvemos a enraizar a la Policía en ese modelo. Son temas de valores que tenemos que volver a inculcar en cada policía. Si no trabajamos en esto vamos a seguir teniendo policías que cuando pasamos el semáforo en rojo nos pidan cien pesos para seguir circulando, o bien regenteando un búnker de drogas.

— ¿Qué prevee la reforma?

— La ley de reforma policial recoge las mejores experiencias en el mundo. La nuestra no va a ser una Policía militarizada, sino civil con disciplina y con cadena de mando. Va ser una Policía reformulada en su despliegue en las Comisarías, que se están revisando. Hoy esta la Policía de Investigaciones, que es la que investiga los delitos, pero para mí las Comisarías deben volver a tener un espacio para recibir las denuncias de los vecinos e investigar los robos menores, pero que son los que más lastiman al vecino.

–¿Cómo define a la Policía que viene?

— Una Policía muy disciplinada, de uniforme, altamente calificada, estudiosa, que no admita como regla de ninguna manera la corrupción corporativa. Que el sargento no sea cómplice del comisario o del agente. Convencer a todos que el que delinque va a ir ala cárcel va a llevar un tiempo. Pero no puede haber vericuetos: los delitos cometidos desde la función pública no deben ser excarcelables y tienen que tener el máximo de la pena, porque es una violación completa a la confianza que les ha dado el estado. De este tipo de doctrina policial es sobre la que estamos hablando.

— En qué etapa cree que el policía se corrompe: en la formación, en su primer destino o antes aún de ingresar?

— En cada una de esas etapas: tengo que darle una formación al cadete para que rechace al delincuente, tanto como al superior que delinque. Si lo mando a un lugar donde se ha consentido el delito, claro que se va a corromper. El problema grave de la Argentina con la policía es que no se puede ser un poquito delincuente: el que se quedó con 10 pesos es lo mismo que el que se quedó con 100, y ninguna es una cuestión menor. Hay 300 bajas de policías que se dieron en la Gestión de (Gerardo) Chaumont. Antes, diría históricamente, la Policía vivía con el tema de la prostitución, el juego clandestino, es decir que la recaudación era una cuestión tolerada y ahí empezó la gran pudrición. Hasta que se metió a consentir al narcotráfico, que es lo más grave y los más peligroso para una sociedad. El poder del narcotráfico es el poder del dinero y del miedo: corrompe o mata. Por eso el error desde la política, desde la policía y desde la justicia es creer que se pueden meter con el narcotráfico y después salir. La verdad es que el que se mete en este tema no sale más: el que sale lo hace con los pies para adelante.

— Entiendo por lo que dice que debería haber condenas ejemplares para aquellos ocho o diez jefes policiales que están siendo investigados seriamente en la Justicia por haberse enriquecido ilegalmente…

— Creo que las condenas al policía como al funcionario civil que haya lucrado con los bienes del estado deben ser las máximas condenas a aplicar, no deben salir más de la cárcel. Algunos quieren aumentar las penas, pero pienso que lo que debemos reestablecer es la idea que el que delinquió va preso. Eso es lo que está faltando. Hay que echar a esos dos mil atorrantes que están usufructuando un cargo sin trabajar porque tienen condenas que no están firmes o partes de enfermo, y no se los pueden dar de baja. Hay que cambiar la ley como la tiene Gendarmería por la cual si en dos años no están al frente de tu cargo, te dan de baja, y a llorar al puerto y hacer juicio. Otro de los cambios es volver al doble grado de oficiales y suboficiales, porque no son todos comisarios ni son todos agentes. En el 2006 estaban acorralados y sacaron esa reforma, pero esta nueva legislatura deberá discutir una nueva ley de reforma.

Rubén Armando

Sección Policiales.

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