Ser maestro hoy...

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Les voy a narrar un cuento que les ayudará a reflexionar y lo escribí desde el fondo de mi corazón…
Despertar al niño dormido en el corazón.
Luz era una pequeña de cuatro años, dulce, muy observadora y locuaz, es por eso que una mañana, luego de observar muchas veces a su maestra, cuando llegó al Jardín, la miró tan fijamente que ella le preguntó: -¿qué pasa Luz, necesitás algo?, la niña al sentirse interpelada responde, -no sé, y la maestra dice: -¿cómo no vas a saber si te pasa algo?... -es que… me parece que a la que le pasa algo es a vos seño. -Cómo? -Sí seño, estás triste, no te reís, no cantás y cuando a mí me pasa eso, mi mamá me lleva al doctor, él me da un jarabe…y se acabó…-Ah, dice la maestra, -Así que un jarabe y ya está. No pudo evitar reírse y la pequeña sonríe y le dice: -¿ves?…¡así!
Cuando la maestra llega a su casa, se encuentra sola y empieza a buscar algo, sin saber qué…va primero a la biblioteca y busca un cuento distinto…pero…todos empiezan había una vez, eran de príncipes, de animales, de brujas, de duendes, ¡todos eran iguales!, entonces va a escuchar canciones para encontrar una diferente… pero… Manuelita, la gata, la brujita tapita, la bruja Maruja… ¡ufa! Son siempre las mismas. Entonces se le ocurre una idea, buscaré una técnica plástica que no hayan hecho… masa, pinceles, témperas, fibras, papeles de colores, en fin, todo lo mismo. Pensó, pensó y dijo: ya sé, buscaré un juego: miró en libros, en la compu, en sus papeles, pero nada, nada… todo igual.
Muy triste y malhumorada se sentó en su sillón favorito y quedó pensativa hasta que llegó su hijo Nicolás de quince años, la llamó y ella no respondió, ya que estaba absorta en sus pensamientos. Nicolás la sacudió y ella saltó asustada… hijo ¡me asustaste! -¿Qué te pasa mamá?… -¿Soy aburrida yo Nicolás? -Mmmm…un poco, antes te reías más…¿te acordás cuando detrás de una caja de cartón me hacías una obra de títeres? ¿O cuando te disfrazabas e inventabas cuentos de brujas, de duendes?… a mí me gustaba… Bah… es lo que hacés en el Jardín…¿o no?… -Sabés Nicolás, perdí el entusiasmo, la picardía, la chispa…¿qué me habrá pasado?… -Mamá, no busqués las causas afuera, mirá adentro tuyo, algo se apagó, volvé a encenderlo, pero nadie puede hacerlo por vos.
Buscó una vieja caja de la que sacó una gran galera que su mamá le había hecho cuando ella era chica y de ella sacaba un sinfín de cosas mágicas que la transportaban al país de nunca jamás. Se miró al espejo y dijo: qué te pasó, quién apagó la chispa de tus ojos, tu sonrisa fresca, tu dulzura natural y tu inmensa paciencia…nadie…solo yo. Corrió, buscó un lápiz, papeles y en cada uno escribió algo: alegría, risas, juegos, paciencia, amor, dulzura, creatividad, corazón de niño, paseos, inventos, cuentos, canciones…y cuántas cosas más, después las guardó en la galera y entonces cada vez que volviera a olvidarse de sonreír, sacaría un papel de la galera, para recordar siempre que hay cosas que no se deben dejar a un costado nunca… jamás…
Al día siguiente llegó al Jardín… y cuando Luz estaba llegando, escuchó la dulce voz de su maestra cantando…corrió y le dijo: -¡viva! Volviste a ser feliz…¿tomaste el jarabe? Y ella sonriendo le contestó: -sí, tomé un jarabe llamado Luz.
Es por eso que los maestros deberíamos mirarnos más seguido al espejo y nunca dejar de descubrir el montón de cosas buenas que tenemos dentro para dar y disfrutar.

Nota: este cuento fue presentado en un examen en la ciudad de Santa Fe y fue aprobado.

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