El retraso cambiario

Editorial 30/06/2015
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En un año dominado por las elecciones presidenciales, en el que cada medida o política oficial anunciada por el Gobierno nacional está pensada para caer simpática al electorado, las distorsiones en el escenario económico están lejos de corregirse sino que, todo lo contrario, van camino a profundizarse.
La decisión de mantener la cotización del dólar a pesar de la inflación busca moderar, precisamente, el alza de los precios y de esa manera alentar el consumo. Pero por otro lado quita competitividad al sector exportador y como se observa en estos días, genera graves pérdidas en las economías regionales.
En su reporte semanal, la consultora Ecolatina señaló que «está claro que la estrategia cambiaria actual y su impacto sobre el sector externo no es una novedad, con un tipo de cambio nominal moviéndose por debajo del ritmo inflacionario, pues la suba de los precios internos se encuentra estable en torno al 2% mensual, la economía local se encarece respecto del resto del mundo, es decir se profundiza la tendencia hacia la apreciación cambiaria de los últimos años».
El informe remarca que además de la política oficial que retrasa el tipo de cambio nominal respecto del alza de los precios se suma una tendencia hacia el fortalecimiento del dólar que se advierte a nivel mundial, lo que es equivalente a la depreciación de las monedas del resto de los países». Frente a este contexto, agrega Ecolatina, el «súper» peso se consolida.
En su análisis, la consultora resalta que «luego de la devaluación de comienzo de 2014 el gobierno deslizó sistemáticamente el dólar oficial por debajo de la inflación, licuando mes a mes la ganancia de competitividad obtenida entonces». En tal sentido, puntualiza que «la profundización de la tendencia declinante del tipo de cambio responde a la reversión del viento de cola del frente externo: ante el avance de la política de desarme de los estímulos monetarios de Estados Unidos, pues desde fines de 2013 la Reserva Federal ha reducido progresivamente la recompra de títulos de deuda, y las expectativas del alza de las tasas de interés de referencia, generó una reversión de los capitales hacia la moneda norteamericana».
Como resultado de este fenómeno, consigna el informe, desde mediados del año pasado el dólar comenzó a fortalecerse y, como contraparte, los activos internacionales que tras el estallido de 2008 de la crisis de EE.UU. funcionaron como refugio de valor, comenzaron a desinflarse, particularmente las monedas del resto del mundo y el precio de los commodities.
Subraya que el caso más emblemático es el de Brasil, el principal socio comercial de Argentina. Además de las presiones externas ocasionadas por la revaloración mundial del dólar, la salida de capitales en el país vecino se exacerbó por los problemas internos, ya que al desequilibrio de la cuenta corriente se sumó la pérdida de confianza en la economía del país vecino.
Ecolatina advierte que «el costo de la actual estabilidad del dólar y de los precios es el atraso cambiario, es decir la pérdida de competitividad externa que se traduce, junto a otros factores, en la tendencia decreciente de las exportaciones en los últimos años». En el documento realiza una estimación de cuánto debería valer el dólar en la actualidad. «La apreciación cambiaria excede lo acontecido en los últimos meses, en tanto se trata de un proceso que deviene de la política cambiaria de, por lo menos, los últimos cinco años. Utilizando el tipo de cambio real de 2010 como referencia, en la actualidad el dólar nominal debería ubicarse en torno a 13,50 pesos, es decir alrededor de 50% por arriba del valor que presenta la divisa en la actualidad» y que prácticamente coincide con la cotización establecida en el mercado paralelo.
El informe aclara que estas estimaciones son un ejercicio estático, que deja de lado numerosas consideraciones a la hora de evaluar la competitividad de un país, tal como la presión tributaria, los precios internacionales de los commodities, las mejoras de productividad, entre otras variables, y por lo tanto está lejos de ser un objetivo de política cambiaria. Sin embargo, el análisis permite dar una idea del costo que se paga, no sólo por la estabilidad actual del dólar, sino también de los desequilibrios acumulados en los últimos años.
Las distorsiones del modelo explican en gran parte por qué la Argentina es poco atractiva para las inversiones extranjeras, tal como indicó el Instituto para el Desarrollo Social Argentino. En tal sentido, puntualiza que la CEPAL considera tan importante la inversión extranjera directa para la región que, desde hace varias décadas, publica información desagregada por países. Al respecto, para el período que va entre los años 2004 y 2014 resalta que la inversión extranjera directa que entró a Sudamérica fue U$S 978 mil millones y que de este flujo, lo que llegó a la Argentina fueron U$S 90 mil millones. «Esto implica que la Argentina recibió el 9% de la inversión extranjera directa que entró a la región. Estos datos señalan que Argentina recibió a lo largo de la última década menos de 1 de cada 10 dólares de inversión extranjera directa».

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