¡Adiós al buen pastor!

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Por Mary de Cordero. - "Yo soy el Buen Pastor; y conozco mis ovejas, y las mías se conocen, así como el Padre me conoce, y Yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas." Juan 10, 14-15.
Así nos sentíamos con el padre Carmelo: confiados de que alguien nos cuidaba y defendía. Regresó a la casa del Padre un hombre sabio y criterioso.
Cuando se fue a Italia, en el año 2006, una multitud lo despidió, y en aquella oportunidad le decíamos:
“Padre Carmelo: Forjador de proyectos.../ Trabajador incansable.../ Abierto y dispuesto a los desafíos./ Lector inteligente y de fina sensibilidad.../ Maestro de alma y por naturaleza./ Viajero inquieto y curioso./ Su amor por la naturaleza lo convirtió en jardinero amoroso./ Franco, sencillo, leal, servicial, frontal, sin dobleces...¡hasta demasiado sincero!...
"Todos los que lo queremos le decimos: ¡gracias padre Carmelo, y que Jesús y la Virgen María sigan siendo los alfareros de su vida!"
Y así fue moldeado, para realizar la tarea encomendada por Dios... pero ya cumplida regresó a su Casa Paterna.
Trabajé a su lado 10 años, y en ese tiempo aprendí muchas cosas importantes que fueron cambiando positivamente mi pensar y obrar. Formaba parte, junto a mi esposo, del equipo económico de la Parroquia San Antonio, y él junto a nosotros y otros agentes de pastoral, trabajaba codo a codo para generar los recursos para concretar los proyectos que proponía. Su temperamento muchas veces nos enfrentaba, pero siempre había una corrección fraterna que nos reconciliaba! Fueron muchísimas reuniones, mesas compartidas, charlas profundas y enriquecedoras, ¡inolvidables!...
Pero no sólo se ocupaba “del hacer”, sino que ponía toda su atención y dedicación en el “ser”. Su crecimiento espiritual lo volcaba en los fieles que participaban de las misas que celebraba ¡homilías que obligaban a comprometerse con la evangelización, el bien común, y especialmente el respeto y el amor al prójimo! 
La misa de los domingos a las 11 horas se celebraba especialmente para los niños, pero el templo se llenaba de adultos, porque en sus palabras sencillas y justas podían descubrir el mensaje de la Palabra de Dios.
Hoy ya descansa, la misión fue realizada. Muchos seguimos siendo sus alumnos. Tenemos la convicción de que María Santísima lo recibió en sus brazos, como consagrando a su Hijo, y eso nos consuela y hace menos penosa su ausencia.
Adiós padre Carmelo. Ofrecemos nuestras oraciones por su feliz descanso y por Teresa, su hermana muy querida, para que encuentre la fortaleza y la serenidad para continuar su peregrinar.

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