Tránsito y tomates

Notas de Opinión 12/01/2014 Por
Leer mas ...
 "Rafaela es una de las ciudades de la Argentina que más vehículos tiene en relación a la cantidad de habitantes, y tal situación trasciende mucho más allá de la simple estadística, pues con andar un poco por nuestras calles basta y sobra para comprobarlo. Y no es cosa de elegir lugares conflictivos, donde confluyen calles y avenidas, mucho menos aquellos que tienen bien ganada fama de pista de carreras. Alcanza con ubicarse en cualquier lugar, pues los infractores vendrán hacia usted como por arte de magia..."
Lo encomillado se ajusta como calco a la realidad que vivimos en este momento, pero sin embargo es el comienzo de un comentario que publicamos el 3 de septiembre de 2000, cuando ya la problemática del tránsito era preocupante, y tal cual continuó desde entonces, en rigor de verdad, agravándose cada día un poco más pues la cantidad de vehículos sigue incorporándose en forma permanente. En buena hora que la gente disponga de motos y autos, que desde hace rato han dejado de ser un bien de confort -aunque lo sean aquellas unidades de alta gama, antes se decía simplemente de lujo-, para transformarse en una necesidad. Si bien, este exceso de unidades que sobrepasa la capacidad de circulación y recepción que tienen las ciudades, ojo no sólo Rafaela pues esto sucede en toda la Argentina y en gran parte del mundo, está llevando a orientar el uso del transporte público en forma masiva. Y la bicicleta, siempre y cuando sea bien utilizada.
Hace muy poco en este Diario el intendente Luis Castellano admitió que la solución del problema del tránsito era una materia pendiente, y además, con total sinceridad y sin eludir la responsabilidad que le cabe en el tema, deslindó la participación que le toca a otros niveles de gobierno, como ocurre por ejemplo con la seguridad, el agua, la educación y la salud. En los que si bien el municipio participa con importantes aportes presupuestarios y esfuerzo de su personal, la mayor responsabilidad la tendrá siempre la Provincia, de quien dependen las decisiones.
Imaginen que si hace 14 años decíamos del tránsito lo que se lee al comienzo, y además ya proponíamos "declararle la guerra a la velocidad", ahora con la multiplicación de cantidad de vehículos, directamente se pasó de castaño a oscuro. Sin que los datos sean de absoluta exactitud, se puede decir que hoy circulan por nuestras calles 40.000 motocicletas y 30.000 automotores, de todo tipo y características, y que además, a toda esa maraña y aunque no tengan tracción motriz se agregan a esta problemática unas 50.000 bicicletas, que es cierto, hay muchísimas menos de esa cantidad en circulación, pero que dado el alto nivel de transgresión que se advierte en buena parte de los ciclistas, añaden un ingrediente de riesgo cierto a todo este conglomerado que significa el tránsito.
Cosas se están haciendo, colocación de reductores de velocidad, más núcleos de semáforos, operativos de control, la campaña del uso del casco y cinturón de seguridad, ahora se viene la implementación de la tecnología con cámaras de foto-multas en los semáforos -por ahora como período de prueba-, y el uso de cinemómetros para medir la velocidad. Que tal como está todo de complicado, siempre es poco y difícilmente alcance. Existe un factor determinante en esta aspiración de mejorar el tránsito: la gente, es decir los conductores. El nivel de transgresión es muy alto, desde las cosas más simples como detener el vehículo sobre una senda peatonal o estacionar en doble fila o en una ochava, hasta aquellas otras muchísimo más peligrosas como el andar por las calles a velocidades propias de una ruta, o ignorar la luz roja de un semáforo. Si a esto agregamos que el escenario -la capacidad de las calles, los sitios de estacionamiento- sigue siendo el mismo cuando en Rafaela había menos de la mitad de vehículos que ahora, tenemos entonces lo que puede calificarse como cartón lleno.
Hace 14 años, aquella nota a la que aludimos la habíamos titulado "Ordenar el tránsito: la materia pendiente". Viene de lejos el tema, como un paciente que no fue tomado a tiempo, y ahora se encuentra en terapia intensiva. Aquellos dichos, recuperados de amarillentos archivos, incluso lograron sorprendernos por su contenido ya olvidado. Les dimos el comienzo y ahora completamos con el cierre, con el remate que había utilizado entonces: "Es, para nosotros, la materia pendiente que se tiene con la ciudad. Y no es por falta de intentos, pues los hubo, pero sin resultados. No es tiempo de paños tibios, ni de grises. La contemplación, habida cuenta del enemigo que se debe enfrentar -y derrotar, que es lo que importa- es una metodología desechable. Se imponen decisiones fuertes, de esas que seguramente pueden llegar a generar amor y odio. Habrá quienes aprueban y quienes rechacen, como siempre sucede en estos casos. Pero si se consigue salvar una vida, estará sobradamente justificado".
Tarea complicada, pero de las que dan lustre si se logra resolverlas.
En lo nacional, esta semana la gran novedad fue el tomate. Unas líneas alcanzan de sobra. Mientras la inflación nos aplasta, el dólar se va a las nubes y se evaporan las reservas, la inseguridad avanza desde los cuatro flancos y el descalabro energético no tiene solución a la vista, la presidenta Fernández pide importar tomates de Brasil si por las dudas aquí se les va la mano con el precio. 

Te puede interesar