La Noticia Comentada

Locales 04/07/2015
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¿Un Papa "comunista"? 

Los argentinos -casi me atrevería a decir "la mayoría"- ven con sorpresa e indignación cómo gran parte del Poder Judicial (desde los jueces hasta la Suprema Corte de Justicia, pasando por todos los fueros, jurisdicciones e instancias) brinda abierta protección a los intereses económicos del Grupo Clarín, a través de medidas cautelares, resoluciones, acordadas, etc. Afirma un viejo dicho popular que "en todas partes se cuecen habas", dando a entender que hechos o situaciones censurables o al menos desagradables, se dan o pueden darse en todo tiempo y en cualquier lugar.
Como confirmando lo que esta expresión coloquial sugiere, esta semana el Tribunal Supremo de los Estados Unidos mostró inequívocamente y con total descaro su subordinación a los intereses de las grandes multinacionales, aunque ellos puedan poner en peligro a la humanidad entera.
Obama, a través de la Agencia de Protección al Medio Ambiente (EPA) dispuso restringir la emisión de gases tóxicos, especialmente los generados en las plantas energéticas, por la cantidad de mercurio y otros agentes contaminantes que contienen. Cada tanto leo en el Opifón quejas de señoras porque encontraron "suciedad" en el cementerio, en alguna calle o en los colectivos urbanos... Y entonces uno se pregunta: ¿Tendrán igual preocupación por la "suciedad" en el medio ambiente? ¿O porque es algo "que no se ve", a la gente la tiene sin cuidado? Un dato para que se comprenda la gravedad de esta degradación del medio ambiente: la restricción en la emisión de gases propuesta por Obama, hubiese evitado entre 4.000 y 11.000 muertes prematuras por año. 
Volviendo a la actuación del Tribunal Supremo de los EE.UU.: cinco de sus nueve jueces se pronunciaron en contra de lo propuesto por Obama, alegando que "no se tuvieron en cuenta los costos que la regulación impone a las empresas". Es decir: se priorizó el interés de las multinacionales (que no gastaran tanto en las mejoras a introducir), sobre la preservación de la salud y la vida de millones de personas. Ese hecho es uno de los tantos que muestran la necesidad de un pronunciamiento claro, enérgico y convincente como el que Francisco hizo en su reciente encíclica "Laudato Si". En un pasaje de la misma, expresa el Papa: "La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica.
De diversas maneras los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biósfera, siguen alimentando el desarrollo de los países ricos a costa de su presente y de su futuro". Para añadir seguidamente: "La tierra de los pueblos del sur es rica y poco contaminada, pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus necesidades vitales está vedada por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso". 
Era necesario que alguien señalase esta estrecha relación entre ecología y justicia social. El Papa lo hizo con claridad y valentía... pero de inmediato el catolicismo conservador de los EE.UU. -incluyendo a un obispo- reaccionó agresivamente ante esta "herejía" de Francisco, por entender que la encíclica "vulneraba" los intereses empresarios, poniéndolos a estos por encima del bien común.
 Así, por ejemplo, Jeb Bush -católico devoto y confeso, hermano del ex-presidente George W. Bush- afirmó que la religión no debe mezclarse con "cuestiones que tengan un efecto en el ámbito político". A su vez, el católico Rick Santorum, candidato republicano para las presidenciales del 2016, expresó: "La Iglesia debería dejar la ciencia a los científicos y centrarse en la teología y la moral".
El republicano (también católico) Jim Inhofe, presidente del Comité Medioambiental del Senado, le pidió a la Iglesia "ocuparse de sus propios asuntos". La opinión predominante en el catolicismo conservador o de derecha de los EE.UU., es que Francisco "es demasiado liberal" o "tiene tendencia comunista". 
Existe una absoluta y definitiva incompatibilidad entre la defensa irrestricta de los intereses de las corporaciones y multinacionales ("adoradores del dinero", les llamaría Francisco), y los principios evangélicos que inevitablemente debieran llevar a la "opción por los pobres".
El pensamiento y la actitud predominantes en los sectores conservadores o derechosos del catolicismo estadounidense, también podemos encontrarlos en el nuestro, aunque tal vez en mucho menor medida y no tan evidentes. En este sentido ponemos como ejemplo a ciertos empresarios que se dicen "católicos", pero públicamente adhieren a los postulados y las prácticas del más crudo neoliberalismo.
Chau, hasta el sábado.

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