Sólo un partido de fútbol

Editorial 03/07/2015
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Detrás de la final que disputarán mañana las selecciones de fútbol de la Argentina y Chile, en el marco de la Copa América emergen conductas demasiado agresivas que si bien por ahora se manifestaron en el plano del discurso y la palabra no hacen más que encender la preocupación de todos. El temor de que un resultado negativo desate la violencia está a la vuelta de la esquina en función del clima que se advierte en la "previa" de este encuentro definitorio. 
Con una de las fronteras comunes más extensas del mundo que supera los cinco mil kilómetros y a 37 años de haber estado a punto de guerra, este partido final del campeonato continental puso en alerta a las autoridades chilenas que extremarán las medidas para mantener la seguridad. 
En este contexto, las tradicionales cargadas y los nuevos "memes", esas imágenes que circulan por redes sociales con mayor o menor creatividad incluyen bromas a los perdedores, no hacen más que incrementar las broncas y las reacciones. 
Es ahora cuando debe prevalecer ese valor que es saber perder, la deportividad como suele llamarse en algunos países, resignarse a un resultado adverso y reconocer la superioridad del adversario. 
Sin embargo, una simple mirada por las redes sociales revela el grado de confrontación entre chilenos y argentinos, que traspasan la frontera del fútbol y mezcla cuestiones históricas, como los recurrentes conflictos limítrofes que dominaron la relación entre ambos países durante el siglo XX, y en particular el rol que cumplió Chile durante la guerra por las islas Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña. 
Quizás la letra del cántico tribunero popular impuesto por los argentinos que asisten a los partidos de la Selección argentina sintetiza el sentimiento de muchos argentinos hacia el hermano país. "Chile decime que se siente, saber que se te viene el mar, te juro que aunque te tape el agua, nunca te vamos a ayudar, porque vos sos un traidor, nos vendiste en la guerra" es un mensaje crudo y doloroso que descubre los bajos instintos del hincha fanático que parece estar convencido que la final de la Copa América no es sólo un partido de fútbol sino que está en juego el orgullo, la dignidad y el nacionalismo perjudicial, entre otras cosas. "Que te ayuden los ingleses a nadar" remata ese himno de tablón que en nada contribuye a cicatrizar heridas y profundizar la integración entre ambas naciones y actualizan desconfianzas y recelos entre los pueblos. 
A esto se suma el uso de términos despectivos que descalifican a una persona por el simple hecho de haber nacido en un territorio determinado. "Chilote" es una palabra que salta de un teléfono móvil a otro para estigmatizar y discriminar sin sentido a las personas de esa nacionalidad, lo que refleja que aún falta mucho para desterrar este tipo de comportamientos. 
Según distintas publicaciones de estos días, 60.000 argentinos viven en Chile por lo que se observa una fluida interacción en pueblos y ciudades a ambos lados de Cordillera de Los Andes, aunque la misma no puede ocultar una rivalidad latente. "El fútbol no puede interferir entre los vínculos profundos que existen entre nuestros países", sostuvo el canciller de Chile, Heraldo Muñoz, en un intento de relajar el ambiente previo al partido de mañana.
Asimismo, distintos analistas advierten que un cierto nivel de inferioridad respecto a un vecino que por años lo superó en todos los ámbitos, podría explicar el sentimiento "antiargentino" en una parte de Chile, tal como publicó el diario Los Andes de Mendoza. "Los chilenos todavía nos seguimos viendo por debajo de los argentinos, pese a que nuestros indicadores económicos hoy son mejores", afirmó el abogado y analista internacional, Ricardo Israel. "Eso viene desde hace muchos años, cuando para los chilenos ir a Argentina era como ir a Europa", agrega.
La atmósfera previa al partido final se enrareció aún más cuando los chilenos que concurrieron a la semifinal entre Argentina y Paraguay silbaron el himno argentino. En este escenario fue saludable el mensaje que envió uno de los jugadores emblemáticos de la Argentina como Javier Mascherano. "Acá no hay guerra. Vamos a jugar una final, no una guerra. No hay que meter el deporte en el medio de la política", sostuvo en declaraciones a distintos medios. "El deporte es sano, y debemos dar el ejemplo a los chicos. Somos países hermanos", insistió ante la rivalidad entre los hinchas argentinos y chilenos.
Sin duda que el pensamiento de Mascherano resume el espíritu por donde deberían transitar las acciones del partido. Ojalá que este llamado se imponga tanto en el verde césped como en las tribunas y en las calles y no deje margen para los violentos.  








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