Ceschi

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Solidaridad

Hay palabras que, a fuerza de repetirse, pierden consistencia. Van cayendo en una especie de "inflación" por obra y desgracia de los labios superficiales que las pronuncian y, sobre todo, por la distancia que media entre los dichos y los actos. En nuestros días la palabra solidaridad -escuchada tantas veces y desde situaciones tan diferentes- está corriendo ese riesgo.
Por eso es importante volver a preguntarse qué quiere decir, cuál es su alcance, a qué nos compromete. Las respuestas, obviamente, son numerosas; pero cuando las que se brindan pertenecen a un obispo que se jugó por su pueblo y por su fe, adquieren un tono diferente. Es el caso del ya fallecido Leónidas Proaño, obispo de Riobaraba, en Ecuador. El nos dejó este canto:
"Mantener siempre atentos los oídos/ al grito de dolor de los demás,/ y escuchar su pedido de socorro:/ es solidaridad.
"Mantener la mirada siempre alerta/ y los ojos tendidos sobre el mar,/ en busca de algún naufrago en peligro:/ es solidaridad.
"Sentir como algo propio el sufrimiento/ del hermano de aquí y del de allá;/ hacer propia la angustia de los pobres:/ es solidaridad.
"Llegar a ser la voz de los humildes,/ descubrir la injusticia y la maldad,/ denunciar al injusto y al malvado:/ es solidaridad.
"Dejarse transportar por un mensaje/ cargado de esperanza, amor y paz,/ hasta apretar la mano del hermano:/ es solidaridad.
"Convertirse uno mismo en mensajero/ del abrazo sincero y fraternal/ que unos pueblos envían a otros pueblos:/ es solidaridad.
"Compartir los peligros en la lucha/ por vivir en justicia y libertad,/ arriesgando en amor hasta la vida:/ es solidaridad.
"Entregar por amor hasta la vida/ es la prueba mayor de la amistad./ Es vivir y morir con Jesucristo:/ es solidaridad"...

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