Sensaciones y sentimientos

Información General 14 de abril de 2018 Por
No perder el sentido crítico
En un artículo anterior hablábamos de dos posiciones respecto de los problemas y/o situaciones frecuentes que perjudican el desarrollo de los grupos humanos y también la buena relación entre las personas y/o entidades. Decíamos que los extremos eran ser “cómodamente complacientes” o “críticos vocacionales” y que esas dos maneras de comportarse son igualmente nocivas.
Pero es necesario tener sentido crítico: no todas las cosas tienen el mismo mérito y no hay nada que no sirva para algo.
Por lo demás, todo lo hecho puede mejorarse. Si analizamos cada hecho buscando sus virtudes y sus fallas, habremos dado un paso importante para mejorar nuestra realidad cotidiana.
Se necesitan análisis y evaluación. En ellos está la importancia del sentido crítico.
Tanto en los ámbitos y hechos cotidianos que marcan un pequeño cambio (salir a comer “afuera”, visitar o recibir visitas), como en los otros que nos hacen ingresar a otro espacio -leer un libro de ficción o poesía, visitar una exposición de fotos o pinturas, ir a escuchar músicos o ver actores a un teatro, entre tantas posibilidades más- se practica el referido “sentido crítico”.
Ejercitarlo correctamente implica mucho más que obedecer la reacción visceral ante sus primeras manifestaciones (negarnos a los visitantes que no nos gustan, a quienes hemos puesto la etiqueta de “pesados”) o cerrarnos abiertamente a todo lo que no nos satisface. Se hace necesario asimilar y entender de qué materia están compuestos y, habiendo comprendido y aplicado la diferencia existente entre el concepto exclusivista de “me gusta-no me gusta” y el de “me gustaría que fuera de otra manera”, recién entonces emitir una opinión; primero para nosotros y -solo después- para los demás.
Criticar no debe tener como objetivo la destrucción de lo que no va con nosotros (decir, por ejemplo, que algo “no sirve para nada”). Primero hay que analizar la verdad que tienen los contenidos y, si estos no nos gustan, proponer concretamente nuevos que puedan servir, a nosotros y a los demás. Tampoco es bueno criticar solo porque la idea proviene de personas o grupos que no aceptamos. La crítica hecha con intención positiva no solo consigue integrar.
Es necesaria.
Necesita como sinónimos “analizar” y “comprender” las variantes que están fuera de nuestro modo de ser, invadido continuamente por ideas prefijadas desde afuera que cuentan, como cómplices y partícipes necesarios, a nuestros amados prejuicios, esos que sentimos como fundamentos de la naturaleza que alimenta nuestra personalidad.
Como no podemos ser indiferentes a las sensaciones que nos provocan las cosas que nos rodean, deberemos acompañar el inevitable “me gusta-no me gusta” (la negativa y automática dualidad aceptación-rechazo) con amplios conceptos de evaluación y así tener ideas más completas y cabales, pensando de qué modo ese producto que, habiéndolo originariamente reconocido como “bueno” -o decidido que necesita ser mejorado- pueda hacer más placentero el transcurrir nuestro y de los demás.
O al menos el momento que estamos viviendo.
Que, “modestamente”, no es poca cosa.

Te puede interesar