Trump y el mundo

Editorial 13 de abril de 2018 Por
Sin demasiado argumentos reales, Trump adopta medidas que van contra las normas legales.
Si algo más sobre el presidente estadounidense Donald Trump faltaba que queda definitivamente claro, es el desprecio que siente por los acuerdos, en especial los comerciales, habiendo quedado definitivamente comprobado con esta confrontación surgida con China, la otra gran economía mundial. No considera los bilaterales entre países ni tampoco aquellos en los cuales tiene injerencia la Organización Mundial de Comercio, justamente el ente que fue especialmente creado para resolver las disputas comerciales que suelen presentarse entre las naciones. De esta manera lo sostiene el prestigio economista Joseph Stiglitz, premio Nobel entre otros lauros que de él pueden mencionarse.
Cabe recordar que antes del anuncio de la aplicación de aranceles a unos 1.300 productos chinos por un valor de 60.000 millones de dólares anuales, el jefe de la Casa Blanca fijó aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio, lo cual lisa y llanamente justificó por cuestiones de seguridad nacional y punto, sin tener que abordar en consecuencia cuestiones comerciales.
Todos los expertos coinciden en calificar de dudoso al extremo esa argumentación relacionada con la seguridad nacional estadounidense, exceptuando a la mayoría de los principales exportadores de acero hacia ese país, a quienes impone ciertas condiciones a cambio de levantar las restricciones. Lo cual significa entonces que Trump podría poner en riesgo la seguridad nacional a cambio de beneficios comerciales, siendo también desechable como hipótesis, ya que algo así no estaría sólo bajo la decisión presidencial, sino de una serie de organismos que intervienen cuando se trata de asuntos relacionados con la seguridad.
Sostiene Stiglitz, frente a una perspectiva de tal naturaleza, que al fin y al cabo no sería más que otra de las argumentaciones extrañas que suele aplicar Trump para justificar decisiones que no son justificables, y que llevan finalmente a ubicarlo en un personaje de actos y dichos llamativos, que están fuera del molde y comportamiento diplomáticos. En tal sentido, lo que debe tenerse en cuenta es que Trump viene con retraso en ciertas determinaciones, como cuando propuso el muro con México -y continúa insistiendo-, justo en el momento en que había caído prácticamente a cero la inmigración ilegal, o bien ahora en esta supuesta guerra comercial con China, la cual en realidad no es un problema que pueda llevar a extremos, ya que la mayoría de sus diferencias pueden llegar a solucionarse sin mayores problemas. En realidad, lo que busca Trump es tratar de mostrarse con fortaleza y a confrontativo a los ojos de sus votantes. Es decir, como cualquier político, aunque recurriendo acciones a veces con cierto contenido disparatado, a ampliar su base electoral.
Puntualiza el destacado economista, que aún no teniendo una legión de asesores del área económica que están detrás suyo, Trump debería advertir que lo realmente importante es el déficit comercial multilateral y no los déficit bilaterales con cualquier país, ya que de ninguna manera reducir las importaciones chinas contribuirá a crear más empleos en Estados Unidos, sino que exactamente provocará todo lo contrario, encareciendo precios en Estados Unidos y promoviendo puestos de trabajo en Bangladesh, Vietnam o cualquier otro país que se ofrezca para sustituir las importaciones que antes se hacían desde China.
En realidad, este conflicto comercial con los chinos, lo que pone de relieve es hasta qué punto Estados Unidos perdió su posición dominante en el mundo. Cuando hace 25 años China comenzó a incrementar su comercio con Occidente, era difícil imaginar que en la actualidad sería el gigante industrial del planeta, ya que ha logrado ser el primero en producción manufacturera, ahorro, comercio y también en PBI cuando es medido en términos de paridad con el poder adquisitivo. Y además, aún más alarmante que eso, es que China podría convertirse rápidamente en hacer de la tecnología y clave en un sector determinante para el futuro como será la inteligencia artificial.
En el final sostiene Stiglitz que "el peligro de la era Trump es que mientras el mundo lee los tuits del presidente de Estados Unidos y trata de no ser empujado a un abismo, esas amenazas siguen sin ser atendidas".

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