Justicia terminal

Notas de Opinión 08 de abril de 2018 Por
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"La Justicia está en situación terminal. No le cree nadie, ni las víctimas, ni los imputados, ni los testigos, y creo que tampoco los propios integrantes del Poder Judicial". Lo encomillado, palabra más coma menos, es el contenido de dichos del fiscal Federico Delgado el miércoles en el programa A Dos Voces, al que había concurrido para hablar sobre el caso de las revelaciones de Natacha Jaitt en el programa de Mirtha Legrand del sábado anterior, que levantaron una polvareda como hacía tiempo no ocurría, y eso que esta clase de episodios aparatosos y rimbombantes es lo que sobra. Sin embargo, preferimos seleccionar lo primero, tal vez algo desapercibido en medio del relato del tumultuoso paso de la Jaitt por Tribunales, pues en verdad es de una gravedad inusitada, especialmente por venir de alguien que, como Delgado -aunque se cuestione su forma de vestir, que ande en bicicleta o no tenga códigos de formalidad- tiene un bien ganado prestigio. Y aún por sobre eso, que tiene 20 años en la Justicia y suponemos que algo debe conocer sobre sus vericuetos. Y más que nada su actual estado de deterioro, al que la han llevado los sucios manejos de todos estos años, de parte de muchos. No todos por supuesto.
De cualquier manera, si bien decir "justicia terminal" suena muy fuerte, en realidad no se descubre nada, pues lo que hizo Delgado es coincidir desde adentro con el sentir de la gente desde afuera. Cualquier encuesta, y desde hace un rato largo, ubica a la Justicia en una posición casi de descarte. Una de las más recientes difundida, en este caso por Edi Zunino en Animales Sueltos esta misma semana, dice que de cada 10 argentinos consultados apenas uno confía en la justicia. Realmente bajísimo, casi como si no existiera.
Si se busca recuperar credibilidad y confianza, no sólo se hizo poco y nada, sino que por el contrario, con tantos fallos absurdos y situaciones extrañas que hubo ultimamente, se la mantiene en el tobogán, con escasa chance que eso pueda revertirse.
Brasil por este tiempo es la contracara de la Argentina, aunque evitamos citarlo como ejemplo pues también tiene su historia de negros salpicones, pero vale la pena mirar y poner atención. Su máximo tribunal, con ajustado fallo al punto que debió desempatar la presidenta la igualdad en 5, dispuso rechazar el pedido de Lula y enviarlo a prisión, con lo cual no podrá presentarse como candidato presidencial en octubre, para lo que era favorito. Lula y Odebretch, al parecer eran más o menos la misma cosa, pues el entonces presidente populista fue quien le abrió camino a los grandes negocios de la constructora en buena parte del mundo. Por lo cual, recibió su recompensa. Y ya que hablamos de justicia brasileña citemos el nombre Sergio Moro, que fue quien puso en marcha el lava jato. No hay muchos como él.
Pero como no sólo de pan vive el hombre -algo que debe estar meditando el gobernador Lifschitz por la andanada de reproches recibidos tras su curiosa comparación de los 6 kilos-, la semana estuvo compuesta por otros muchísimos casos, de los que vale la pena mencionar algunos. Volvió a aumentar la nafta, ¿cómo pretende el gobierno controlar la inflación? Es imposible apagar el fuego si cada rato, justamente, se le echa combustible encima. 
El asunto de los pasajes de los legisladores ganó también mucho espacio. Seguro que es un sobresueldo, desde siempre se ha buscado disimular los aumentos encubiertos para que trasciendan lo menos posible. Se aprueban mediante el inciso, el agregado, bajo todos los subterfugios posibles, en fin, nunca se llamó vino al vino. Es probable que ahora que reformulen lo de los pasajes, aparezca la inventiva para que a sus bolsillos vaya más dinero que antes. Es que ahí todos levantan la mano, no como en la frustrada interpelación al ministro Caputo, quien se equivocó feo al mandar el papelito "mis hijas tienen 11 y 13 años. No seas mala" a la diputada Cerruti, recordándole que ella había dicho un par de días antes en TV que el ministro había puesto sus cuentas offshore a nombre de sus hijas. La reacción de la legisladora kirchnerista, acompasada por Agustín Rossi a sus espaldas, fue algo que cuesta creer si no es vista con los propios ojos, acusando al funcionario de misógino y machista. Está claro que muchos de los Ceos del gobierno están recién ahora aprendiendo como hacer política, y más aún en la Argentina.
Para el cierre dejamos la decisión del arzobispado de Paraná de disponer un protocolo para que todos los curas de Entre Ríos no queden a solas con niños. Cuesta creerlo, aunque en esa provincia hubo tantos casos de pedofilia, que la prevención aunque antipática no está demás.

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