Policía en acción

Editorial 03/02/2018 Por
Sancionando a policías por actuar, poco hace por la seguridad.
Las leyes están para ser cumplidas, de eso no existe la más mínima duda. Y si ciertas leyes tienen flaquezas o directamente no se ajustan a la demanda de la realidad, entonces deben ser modificadas, o eliminadas si es necesario. Es cierto también que en ciertas oportunidades debe aplicarse el sentido común, muchas, tal vez demasiadas veces ausente. Los casos de enorme repercusión pública se pueden contar en exceso, sobran como ejemplos de lo que no debe ocurrir si es que pretendemos poner orden y restablecer los principios de igualdad de todos los ciudadanos, resguardando tanto los derechos de los delincuentes como de las víctimas. Jueces que se extralimitan en la interpretación de las leyes, dejando libres a sujetos que ni bien pisan la calle vuelven a delinquir y lo que es peor, a sesgar vidas inocentes, incluso llegando a tales decisiones desoyendo recomendaciones de especialistas que sostienen lo contrario por la extrema peligrosidad de los individuos en cuestión.
El sistema de la puerta giratoria es otro que debe ser desterrado, pues con la argumentación de las cárceles u otra clase de institutos repletos, muchos criminales entran a la policía por una puerta y salen casi inmediatamente por la otra, aún cargando amplios y pesados antecedentes en materia delictiva.
Mientras tanto, la inseguridad sigue avanzando inexorablemente sobre la sociedad, donde nadie queda al margen de convertirse en víctima, que cada día suma y sigue sumando nuevos afectados, con toda clase de pérdidas y consecuencias, muchas veces la propia vida.
Toda esta clase de episodios que provocan toda clase de reacciones en la sociedad, casi siempre adversas, son noticia al momento y luego pasan al olvido, sin que las soluciones aparezcan salvo alguna que otra proclama a voz alzada y las clásicas reflexiones "esto nunca más debe volver a pasar". Aunque todos los que lo escuchamos, sabemos que lamentablemente seguirá ocurriendo, y de tal modo postergándose indefinidamente la solución a la cual el conjunto aspira.
Tiene relación lo expuesto por el caso resonante de esta semana, al ser procesado por homicidio simple y embargado por 400.000 pesos el policía Luis Chocobar, quien el 8 de diciembre último y cuando estaba de civil y trasladándose por la Boca, intervino en el asalto y ataque en el que sufrió 14 puñaladas el turista estadounidense Joe Wolek, dando la voz de alto y persiguiendo al atacante al que finalmente ultimó de dos balazos, un joven criminal de 18 años. 
Es verdad que existen leyes y deben ser cumplidas, se sostiene al comienzo y lo reiteramos, debe quedar claro. Los policías no pueden andar a los disparos por la calle, existen protocolos por cumplir, y el suceso debe ser investigado como corresponde. Pero también es cierto que existen determinados parámetros para medir algunas situaciones, pues de lo contrario el mensaje que se envía a la sociedad puede causar más daño que cualquier situación de naturaleza criminal. En este caso, si el policía es sancionado por intervenir, y además en un hecho flagrante, persiguiendo a un criminal que venía de asestarle 14 puñaladas a otra persona para robarle sus pertenencias, es como decir "señores policías, no actúen".
El gobierno nacional, apenas trascendido el caso, tomó rápida postura nada menos que por el propio presidente Mauricio Macri, quien recibió al policía Chocobar y le dijo "Estoy orgulloso de que haya un policía como vos". El uniformado, tranquilamente y tal como hacen muchos otros, al pasar por el lugar del asalto podía hacerse el distraído, más estando de civil, continuar su marcha y evitarse un problema por el solo hecho de cumplir con el deber que en ese momento le dictó su conciencia.
En este repaso no puede evitarse la mención sobre el juez que tomó la decisión, Enrique Velázquez, uno más de la extensa nómina de garantistas de los principios de Eugenio Zaffaroni -el incentivador golpista-, quien además de lo resuelto sobre el policía Chocobar, dejó en libertad al menor que participó del asalto al estadounidense. Cuenta además con antecedentes más que polémicos en su haber, como cuando en enero de 2017 dejó en libertad al adolescente acusado de matar a Brian Aguinaco de 14 años, quien quedó en el medio de un tiroteo de un robo de motochorros.

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